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Y el halcón voló



Un rey recibió dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cerrería como obsequio para que los entrenara.

Pasados unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía lo que le sucedía, ya que no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.

El rey mandó a llamar curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar.

Al día siguiente, el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón.

A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.

El rey le dijo a su corte: "Traedme al autor de este milagro".

Su corte le llevó a un humilde campesino.

El rey le preguntó: ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste?

¿Eres acaso un mago?... Intimidado el campesino le dijo al rey:

"Fue fácil mi señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta de que tenía alas y se largó a volar".

A veces nos quedamos estancados pensando en que el sitio donde estamos es para siempre, y no nos atrevemos a emprender nuevos horizontes. Estás a tiempo para cortar las ramas y dejar atrás todo temor.

Detrás de los pobres


Un maestro de la sabiduría quiso mostrarle a uno de sus discípulos lo que hay detrás de la apariencia de los pobres. Cierto día visitaron una comunidad humilde.


Su primer acercamiento fue con una pareja de tres hijos, donde sus pertenencias eran pocas, por lo que el maestro preguntó: ¿cómo hace usted y su familia para sobrevivir aquí? La respuesta fue: "Tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche diarios. Una parte la vendemos y otra la cambiamos por géneros alimenticios, otra parte de dinero y así es que sobrevivimos".


El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. Luego, en el medio del camino, volteó hacia su discípulo y le ordenó: "Busque la vaquita, llévela al precipicio y empújela". El discípulo cumplió la orden.


Aquella escena quedó grabada en la mente del discípulo, y su conciencia lo obligó a regresar a aquel pueblo. A su llegada se encontró con que todo era mejor, pese a que el terreno no había sido vendido.


Ubicó al campesino con que conversó y le preguntó por la vaquita. La respuesta fue: "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, y así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora".

Obediencia por amor



Gracia llegó por primera vez a un internado para señoritas, donde iba a permanecer para poder estudiar en un colegio. Cuando se matriculó, le dieron un reglamento por el cual las internas debían regir su conducta.

A Gracia le pareció que el reglamento era irrazonable e inadmisible; y, delante de unas compañeras internas, con enojo y en alta voz se dijo: "¿Obedecerlo? ¡Como yo quiera!". En seguida, se fue a su cuarto resuelta a no obedecer algunas de las partes de ese reglamento que a ella le parecía absurdo.

A la hora de la cena, cuando Gracia entró en el comedor, una amiga de ella la presentó con la directora del internado. Cuando se separaron de esta, Gracia exclamó dirigiéndose a su amiga: "¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué sonrisa tan agradable! ¡Sentía yo como que la directora me atraía hacia ella!".

Pasaba el tiempo, y la admiración y el cariño de Gracia para la directora iban aumentando, y sentía y pensaba que debía agradarla. Entonces, con sumisión, y casi sin esforzarse cumplía el reglamento; después, ya sin darse cuenta, con gusto lo cumplía por completo.

Había triunfado el amor a la directora y al internado.

¿Qué le enseñó?



En cierta ocasión un hombre le obsequió a su pequeño hijo una pelota y una bate de béisbol, pero nunca jugó con su hijo ni le enseñó a batear.

Le obsequió a su hijo un arma de juguete, pero nunca le enseñó cómo jugar a los policías con ella, en vez de jugar a los ladrones.

El hombre le obsequió a su hijo una navaja de bolsillo, pero nunca le enseñó cómo usarla correctamente.

Le obsequió perdigones, pero nunca lo llevó al campo de tiro para enseñarle cómo usarla cuidadosamente.

El hombre quedó atónito el día que dos policías tocaron a su puerta contando historias sobre su hijo y otros en el vecindario y cómo ellos eran miembros de una peligrosa pandilla.

-Mi hijo no -dijo él-, nunca le enseñé a ser violento.

-No lo dudo -respondió el policía-. Pero en el cobertizo que los muchachos estaban usando como cuartel, encontramos porras y navajas. Posiblemente usted nunca enseñó a su hijo a no ser violento.

Por lo general, los niños no desean ser complacidos en todo. Ello desean ser responsables.

El conejo del sombrero



Steve Martin sabía que quería ser animador. Trabajó mucho como mago y comenzó a atraer a la audiencia. Sin embargo, algunos de los trucos no funcionaron. Martin podría haberse descorazonado, pero escuchó y observó a su audiencia con cuidado. Notó que la multitud estallaba en risas cuando el truco fallaba.

En respuesta a la audiencia, Martin dijo: "Revisé en mi actuación y comencé a sacar todas las cosas que habían funcionado bien.

Martin, en otras palabras, realizó su mejor truco de magia. Convirtió su acto ilusionista en una rutina de comedia y se convirtió en el presentador cómico número uno del país. Y continuó hasta ser un actor cómico famoso, luego director y escritor.

A menudo estamos tan concentrados en cumplir una serie de tareas, que no nos tomamos el tiempo necesario como sopesar la efectividad -o necesidad- de lo que estamos haciendo. Si algo nos sale mal, tomamos eso como una señal de que tenemos que abandonar todo por completo.

¿Qué quieren sus clientes y compañeros de trabajo en realidad? ¿Está luchando para darles lo que quieren, o está tratando tan solo de sacar un conejo inexistente del sombrero?

La experiencia no es lo que le sucede a una persona, sino lo que esa persona hace con ella.

Cerca de las 12



¿Has observado que el panorama suele verse más negro poco antes de ocurrir un viraje positivo? El hombre de negocios afirma que justo antes de hacer su fortuna, estaba a punto de claudicar. Le llegaba el agua al cuello cuando, de repente, todo empezó a cambiar.

A punto de renunciar, se mantuvo firme justo lo necesario para dar a su trayectoria un giro de ciento ochenta grados y cosechar los frutos.

Quizá te haya ocurrido que cuando sientes que no vale la pena vivir, aparece una persona en tu vida que eleva tu ánimo hasta las nubes. La vida es así, porque existe el principio del "cuarto para las doce".

Siempre hace más frío y está más oscuro antes del amanecer. Si resistimos lo suficiente, recibiremos nuestra recompensa. En el acto de dar a luz, este principio entra en acción justo antes del gran milagro de la vida, la resistencia de la futura madre es sometida a una prueba de fuego, por medio de intensos dolores y gran angustia.

En cuanto reconocemos la existencia del "cuarto para las doce", la vida pierde mucho de su carácter traumático. En efecto, la creación parece someternos a prueba todo el tiempo, para ver si en verdad tomamos en serio nuestras metas. Si resistimos ese poquito más... ¡oh, alegría!

Conocer este principio es tener una buena ventaja, cuando todo es un caos, podemos decirnos: ¿de modo que todo marcha mal? Eso quiere decir que aquello por lo que tanto he luchado puede estar a la vuelta de la esquina.

Cuando todo se ve "color de hormiga" puede ser el momento de celebrar. 
Quizá ya estés cerca de la meta.



Escalones para la felicidad



No puedes ser todo para todas las personas. No puedes hacer todas las cosas al mismo tiempo.

No puedes hacer todas las cosas igual de bien. No puedes hacer todas las cosas mejor de lo que lo hacen los demás, tú las haces a tu manera.

Tu humanidad se hace presente como en el resto de la gente.

Así que: Debes buscar dentro de ti quién eres, y ser ese. Debes decidir las prioridades y cumplirlas.

Debes encontrar tu fuerza y usarla. Debes aprender a no competir con los demás.

Por lo tanto: Habrás aprendido a aceptar que eres único. Habrás aprendido a fijar las prioridades y a tomar decisiones.

Habrás aprendido a vivir con tus limitaciones. Habrás aprendido a respetarte. Y serás un mortal más vital.

Atrévete a creer que eres una persona maravillosa e irrepetible. Que más que un derecho, es tu tarea encomendada ser quien eres.

Que la vida no es un problema a resolver, sino un regalo que disfrutar. De esta forma podrás sobreponerte y disfrutar de las cosas que antes te deprimían.

¡Las lágrimas son naturales, sufre, laméntate y luego sigue adelante!

La única persona que estará con nosotros toda la vida somos nosotros.

"Vive mientras tengas vida". 

El yoga



Era un yoga errante que había obtenido un gran progreso interior. Se sentó a la orilla de un camino y, de manera natural, entró en éxtasis.

Estaba en tan elevado estado de consciencia que se encontraba ausente de todo lo circundante. Poco después, pasó por el lugar un ladrón y, al verlo, se dijo: "Este hombre, no me cabe duda, debe ser un ladrón que, tras haber pasado toda la noche robando, ahora se ha quedado dormido. Voy a irme a toda velocidad, no vaya a ser que venga un policía a aprehenderle a él y también me coja a mí". Y huyó corriendo. No mucho después, fue un borracho el que pasó por el lugar.

Iba dando tumbos y apenas podía tenerse en pie. Miró al hombre sentado al borde del camino y pensó: "Éste está realmente ebrio. Ha bebido tanto que no puede ni moverse".

Y, tambaleándose, se alejó.

Por último, pasó un genuino buscador espiritual y, al contemplar al yoga, se sentó a su lado, se inclinó y besó sus pies.

*El Maestro dice:

"Así como cada uno proyecta lo que lleva dentro, así el sabio reconoce al sabio. 

Madurar es opcional



El primer día en la universidad, nuestro profesor se presentó y nos pidió que procuráramos llegar a conocer a alguien a quien no conociéramos todavía. Ese día encontré a una viejita arrugada, cuya sonrisa le alumbraba todo su ser.

Hola, buen mozo. Me llamo Rose. Tengo 86 años. ¿Te puedo dar un abrazo? Me reí y le contesté con entusiasmo: ¡Claro!

Le pregunté por qué estudiar a esa edad. Su respuesta fue: "Estoy aquí para encontrar un marido rico, casarme, tener unos dos hijos, luego jubilarme y viajar". No obstante, luego confesó que su sueño era tener una educación universitaria.

Pasaron los años y acabaron los estudios. En la ceremonia de clausura, Rose había preparado un discurso, pero al subir al podio se le cayeron los papeles.

Rose decidió echar a un lado su discurso e improvisó ideas que le salieron del alma, pues dijo que hay solo cuatro secretos para mantenerse joven: Ser feliz y triunfar. Tenemos que reír y encontrar el buen humor todos los días. Tenemos que tener un ideal. Cuando perdemos de vista nuestro ideal, comenzamos a morir.  Sentenció: "¡Hay tantas personas caminando por ahí que están muertas y ni siquiera lo saben!".

Rose terminó sus estudios. Una semana después de la graduación, Rose murió tranquilamente mientras dormía. Más de dos mil estudiantes universitarios asistieron a las honras fúnebres para rendir honores a la maravillosa mujer que les enseñó con su ejemplo que nunca es demasiado tarde para llegar a ser todo lo que se puede ser.

Envejecer es obligatorio; madurar es opcional.



Una razón para vivir



Decía un famosos psicoanalista de Brooklyn:

"Estoy harto de padres que llegan a mi consulta,  lamentándose de que no saben qué les pasa a sus hijos (prostituidos, drogadictos, delincuentes...).  Han sido capaces de dar todo a sus,  incluso de comprarles un coche o ponerles un apartamento,  pero no han sido capaces de darles una razón para vivir".

Y esa parece ser la causa profunda que subyace en tantos problemas que plantea la juventud actual.  Los fenómenos de la drogadiccion, de la heroína, el vandalismo subliminal y la delincuencia pandillera, están gritando a voces la insensatez de nuestra sociedad.  Porque esta civilización ha sido capaz de producir a montones (¡no de distribuir bien!) toda suerte de medios de locomoción , de artefactos y videos juegos, de electrodomésticos y electro-despachos, ropa y bisutería, quincalla y alimentos asépticamente enlatados..., pero no es capaz de ofrecer lo único necesario, lo que verdaderamente importa.  Todo eso que atiborra grandes almacenes y supermercados... ¿Para qué?  La gente se está muriendo - aparte del escándalo de los que mueren de hambre -  de puro asco, más que de otra cosa.

Y es porque falta una  razón para vivir, para luchar y trabajar y estudiar y fatigarse y sacrificarse.  Falta algo que dé sentido a la insoportable rutina de producir y consumir o de estudiar para ser un buen producto y un mejor consumidor. Algo que nos ponga a salvo de este círculo vicioso que hastía la vida y envenena la convivencia.

Falta una razón para vivir.  Una razón, no una idea, ni siquiera unas verdades como puños, ni una doctrina perfecta.  Todo eso no es más que idealismo.  La única razón para vivir es el otro, cualquier otro, todos los otros. Porque lo único que puede dar razón y consistencia a la vida humana es el hombres. y no sólo mi familia, ni mis amigos, ni  los de mi región o los de mi nación, que todo eso resulta a la larga inhumano, es decir, pretexto contra los otros y por tanto contra los hombres.

Lo que da sentido a la vida es la humanidad,
humanismo, la disponibilidad, el servicio y el amor al hombre, a todos.


Para imitarlo



Lucas era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir.

Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, él respondía: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo".

Era un gerente único porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón: por su actitud. Él era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, Lucas estaba ahí para decirle cómo ver el lado positivo de la situación.

Un día me cansé de eso y le pregunté a Lucas. "No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo". ¿Cómo lo haces? Lucas respondió:

"Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Lucas, tienes dos opciones hoy: 'Puedes escoger estar de buen humor o de mal humor. Escojo estar de buen humor'.

"Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello".

"Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida".

Sí, claro, pero no es tan fácil, protesté. "Sí lo es", dijo Lucas. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección".

"Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará tu estado de ánimo, tú eliges estar de buen humor o mal humor".

En resumen, tú eliges cómo vivir la vida. Cada día tenemos la elección de vivir plenamente; la actitud, al final, lo es todo.

Exprésalo Hoy



Carlos Rosario era un muchacho que siempre se esforzaba en ser el primero en todo.

Mejor atleta, mejor estudiante, pero lo que nunca supo fue si era un buen hijo, un buen compañero o un buen amigo.

En un día de depresión el muchacho se quitó la vida.

Cuando iba camino al cielo se encontró con un ángel y este le preguntó: "¿Por qué lo hiciste si sabías que te querían?".

Carlos respondió: "Hay veces que vale más una sola palabra de consuelo que todo lo que se sienta.

"En tanto tiempo nunca escuché: Estoy orgulloso de ti, gracias por ser mi amigo, ni siquiera un te quiero mucho", dijo el joven.

Al quedar pensativo el ángel, el muchacho añadió: y sabes qué es lo que más me duele -El ángel triste le pregunta: ¿qué?

Él respondió: "Que todavía espero oírlo algún día...".

Luego de esto, el ángel abrazó al muchacho y le dice que no se preocupe, porque se acerca a la única persona que siempre le dijo al oído que lo amaba, pero él nunca lo escuchó, y que lo espera con los brazos abiertos...

Moraleja: Nunca pierdas la oportunidad de decirle a alguien lo importante que es para ti o pudiera ser demasiado tarde.


Tal vez esto te pasa a ti o a alguien muy cerca.

¿Por qué lloras?



Un hombre llamó a la puerta del amigo para pedirle un favor:

-Necesito que me prestes cuatro mil dólares para pagar una deuda que tengo. ¿Podrías hacerlo?

El amigo le pidió a su mujer que reuniese todo lo que tenían, pero ni siquiera con esto fue suficiente. Hubo que salir a la calle, y pedirles dinero a los vecinos, hasta alcanzar la cantidad requerida.

Cuando el hombre se marchó, la mujer se dio cuenta de que su marido estaba llorando.


-¿Por qué estás triste? ¿Porque tienes miedo de que, ahora que nos hemos endeudado, no consigamos pagar lo que debemos?

No, no es por eso. Lloro porque el que nos acaba de visitar es un amigo al que quiero mucho, y a pesar de eso, yo no sabía nada de su situación. Sólo me acordé de él cuando se vio obligado a llamar a mi puerta para pedirme dinero prestado.

El silencio también es una opinión



Jorge Luis Macías Fonseca
opinion@prensa.com

Sobre el silencio se han tejido una serie de apreciaciones. Para algunos es aconsejable porque permite comportamientos alejados de la suspicacia, de las malas interpretaciones, y de los compromisos. Para otros es un buen signo de educación y de buenos modales. Algunos consideran que es importante romperlo, pues se permite con ello, conocer el pensamiento de los parlantes, y crear un ambiente de cordialidad y de comunicación.

La fábula que explica cómo el águila en lo alto soltó la presa que llevaba en el pico, cuando le preguntó, cómo había llegado a tan elevada altura, tiene como moraleja, aquello de que: “más vale callar cuando lo que dices puede llegar a perjudicarte” y con el mismo mensaje, lo tenido como máxima por los viejos, en el sentido de que: “no todo lo que siente se dice”. Con ello se sentencia con propiedad al silencio, pues en una buena interpretación: “en boca cerrada no entran moscas”. Es más, el silencio es recomendable cuando se quieren eludir responsabilidades o esconder posiciones, pues sin la opinión es difícil conocer la ubicación que se asume. En la administración pública –por ejemplo– el silencio administrativo es una forma que se ha legitimado para dilatar los asuntos o bien para no resolverlos. 


En las áreas dedicadas a la salud, como son las clínicas y los hospitales, se exige silencio, igualmente en las aulas cuando se transmite información para que ella sea bien recibida, también en una sala de teatro, del padre al hijo cuando lo reprende, el juez cuando dicta sentencia, o en la soledad, cuando ella se impone por la reflexión serena a la que se puede estar sumido, o bien en los campos santos donde hay una realidad distinta a la nuestra.


Pero también el silencio es impuesto, cuando se pretende callar una voz crítica o disidente, principalmente en tareas como la del periodismo, que por su naturaleza tiene que ser expresivo. Igualmente se silencia para amparar irregularidades e ilegalidades y para soterrar los ideales de hombres probos. De la misma manera, se reduce al silencio o se silencia, cuando se cercenan los derechos humanos, y cuando las posibilidades de expresión son reducidas a la nada.


Así, aquello de que “el que calla otorga”, no siempre tiene certeza, porque se puede opinar en silencio y también con el silencio. Se puede manifestar un sinnúmero de razones sin necesidad de la estridencia, pero en silencio, y no por ello se está otorgando. ¿Qué ocurría por ejemplo en un país en donde la población adoptara el silencio como una forma de expresión, de lucha y de protesta? De seguro que ningún gobierno resistiría el impacto de un silencio sepulcral, ni mínimo, ni prolongado. ¿Qué ocurriría en una institución ante una mala acción del superior jerárquico que tenga como respuesta un silencio manifiesto? No sería de extrañar que la preocupación y el temor, se apoderarían del mismo porque –no cabe duda– de que el silencio asusta.


En las instituciones públicas nacionales el hablar se convierte en delito, y si esa acción es crítica se “cae en el terreno del crimen”, por lo que pareciera mejor adoptar el silencio como una forma de opinión.

Prensa.com
Opinión
10 de octubre de 2010

Un caminar sin tiempo

 
 
 
Edilberto González T.
PA-DIGITAL

Lo dice el Maestro citado por el Poeta, en su proemio “Nova Astra Natura” a sus “Cantos de la Legión Arcana”.

Nos adentra el Poeta - que por definición es un ser solitario - en su visión, en su trance, en su vigilia, en sus sueños, cable de alta tensión conectado con ámbitos invisibles, mas tangibles para el Bardo. Todo lo anterior en la soledad del fondista, que “revuelve la mirada y siente espanto” que “el planeta de niños” se cansó de caminar, y queda él solo, en un caminar sin tiempo.

Un caminar sin tiempo, Un principio sin Fin.


El Fin del Poeta yace dentro de sus principios. El principio puede ser el inicio, pero también es aquello que siempre fue y que siempre lo ha sido, ayer, hoy y siempre, recuerden solamente:

“La materia se expande cuando es calentada.”

“Los ángulos de cualquier triángulo siempre suman 180 grados.”

“El agua busca su propio nivel.”

¿Qué cambia? Nuestra conciencia, el descubrir aquel principio que siempre estuvo allí, el darnos cuenta, en realidad nada sustancial cambia excepto tu manera de percibir las cosas, tu conciencia.

Nos presenta el poeta su escenario de descubrir y narra ese sendero: Por medio del canto, el juego, la rima. Siendo la ética honda, abisal, su estética nos llama al juego del juglar, a la sencillez del trovador, a la sabiduría ancestral boca – oído.

Y en ese sentido, somos Iniciados, pero ¿Qué es una Iniciación? Un cambio de conciencia, una valla superada. Tu iniciación puede ser la cárcel, el hospital, la quiebra, el desapego, una ruptura, un hijo muerto, siempre es una puerta cerrada que se abre, un Demonio Guardián que luego se convierte en Tu Ángel Guardián.

Así viajamos en las Iniciaciones del Cosmonauta allende el Tiempo, de la mano del Trovador, el Bardo, Gorka Lasa.

********

El Velo del Olvido.

Partimos de su Primera Sección “PARA IGNORAR LA ADVERTENCIA”, y de su canto “¿No recuerdas el jardín?” en la página 17, leemos:

“¿No recuerdas el jardín?

La tierra sagrada

Pura.



Vórtice mágico emana

La luz

La raza runa.”

Sólo puedes añorar aquello que tuviste, aquello que conociste. Y si piensas que es extraño que añores algo que nunca has visto, es que tal vez sí lo conociste y aún no lo recuerdas.

Entrañan estos versos la noción del “Velo del Olvido”, el vínculo con la rueda de la vida y la muerte llamada en el Buddhismo “Samsara”. El olvido es felicidad, ya lo ha dicho Mae West que la felicidad es “tener buena salud y mala memoria”, y sumido en ese olvido empieza el caminante a experimentar con la vida, a redescubrir aquel mundo que siempre ha estado allí, con la maravilla de la novedad, bien lo explica Lasa en la página 20, de “Memoria del Origen”:

“Aquí, un viajero sin
tiempo

Memoria de un ser 
errante”

Y el maravilloso paso de cada hallazgo, en ese experimentar, en la página 24, de “La escala oculta”:

“En pos de un símbolo

Se me abrió una

puerta.”

Los códigos para traducir las revelaciones devienen en las “Banderas Paganas”, canto de la página 25 y 26 que recomiendo lean. ¿Qué es pagano y qué divino? La diferencia la establece la otredad: Lo mío es divino; lo del otro, pagano. La conciencia espiritual va madurando poco a poco, hasta la realización de la unicidad de la vida.

Y sigue el caminante siglos de religión y temporalidad, de “samsara”, de olvido, de felicidad, hasta la realización de la espiritualidad, de lo permanente, la semilla del desencanto, memoria y fin de la “santa inocencia”.

Es allí donde el Bardo, el Trovador, nos proporciona “El mapa de regreso”, donde en su página 32 podemos degustar la musicalidad de esta nueva geografía ontológica,

“Conjuro de tiempo con la dama del ocaso

Revélame el secreto,

Circe milenaria.”

Y sólo la lectura de un firmamento ontológico nos permitirá ajustar la brújula del corazón, de la llama interna, del Ser.

*****

El Viaje

En su Segunda Sección “ROSA GNÓSTICA”, se nos describe el viaje, pero en un detalle narrativo, cinético, de “rajas”, en el fragor de la batalla.

Y el Bardo le canta a esa “Rosa de Alejandría, rosa amarilla, Rosa de Alejandría, rumbo entre islas”, a la que le canta Manolo García, otro Bardo, Juglar, de aquellos tiempos, pero vivito en éste, es interesante descubrir esta faceta en Gorka.

Y el viajero, el caminante detalla su marcha, como en los “Vuelos Solitarios” de la página 41:

“¿Cuánto tiempo navegando en este sueño de estrellas?

¿Solo para volver al puerto?

¿Solo para beber

centellas?”

Y la respuesta es que acaso, sí, todos nos vamos de casa, sólo para regresar a ella, con una conciencia en espirales, recuerda caminante que “El Viajero” (p. 41) es caminante como aquel al que le cantó Antonio Machado, tú lo sabes:

“Ser solamente fuego,

Espíritu que busca.”

Evolución del hijo pródigo, olvido, y memoria, crecimiento a través de la conciencia. Sólo puede regresar a casa quien se fue de ella; sólo puede recordar quien ha olvidado; sólo puede adquirir conciencia, quien la ha perdido; sólo se ilumina quien ha estado en la oscuridad.

La Metanoia es el punto de inflexión, el darse cuenta, el llamado arrepentimiento, tan mal interpretado, que sólo significa “cambio de dirección”, nada más y nada menos, y ese cambio de dirección es conciencia. Tal cambio viene anunciado por el Bardo en “Ritual volante” (p.46). Pero ese cambio no viene solo, viene con la realización de la “Circular aurora” (p.49), los tesoros tangibles e intangibles que hemos acumulado en esta experimentación, en este “rumbo entre islas”, donde

“Juntos nos sentamos por mil siglos

Silenciosos, en el

cráter de enseñanza”

Y sólo en el desapego de tales tesoros está la clave del siguiente y donde el poeta abre su corazón, en todo el centro del poemario, núcleo y meollo del periplo, sus “Cantos de la Legión Arcana”:

“A pesar de llevar la sangre de dragones

Perdimos la memoria al caer en lo profundo.

…

Así nos despeñamos desde siempre

Ardientes y orgullosos al Samsara.

…

Todo volverá completo sin mácula a su día

El mañana de un

mundo en circular aventura.”

Viaje de la mónada, involución y evolución, material iniciático en este poemario, ya que como dice Gorka, no hay que dejar morir en el olvido oscuro este legado de las edades.

****

Consideraciones

La aridez del alma, ese desierto donde cual John Milton, llegas a ese punto donde ya has visto el relámpago en el cielo despejado, aun eres del mundo, pero ya no quieres saber de él. El caminante se detiene pues, en un “espantoso abismo”, allí te sientas a considerar el viaje, en un “tamas” que no es pasividad, sino meditación, alerta en reposo.

Ya no se trata del fragor de la batalla, sino del meditar al margen del infierno, en el fondo de la existencia, del suelo no pasas, no se tiene nada más que perder, estás a medio camino de resolver el triángulo del lodo, a saber:

- Estoy en el lodo (ya lo sabes) - No me gusta el lodo (ya lo descubriste)

- Quiero salir del lodo (estás a punto de tomar la decisión)

Ello nos lo plantea el poeta en la siguiente sección “CONSIDERANDO SU VIAJE”, una parte de hondas meditaciones donde se pregunta en “Vertiginoso giro” (p.67) y “Helios se ha dormido” (p.71) ¿QUÉ HAGO AQUÍ?

Se empieza a desatar un nudo, a resolver un acertijo, y dentro de las 3 conciencias del Ser: a) La conciencia individual: Del individuo y su familia inmediata; b) La conciencia comunal: De su tribu extendida, pueblo, y quizás nación; c) La conciencia universal: Toda la raza humana, todos los reinos, toda la vida, visible e invisible,

Llega cual iniciado a asumir y ser la Conciencia Universal.

El Caminante está en el Suelo, en la Oscuridad, en el Lodo, pero adquiere la Conciencia de las Edades, receta para la infelicidad, pero también para dar el siguiente paso, lo que nos canta este Trovador en “Las Hogueras del Origen” (p.83):

“Enclaustrado en celdas de artificial urbano

Alcanzan la gnosis en soledades místicas

…



Somos la armadía de los últimos navegantes

Agitamos en el pecho la prueba de los misterios.”



****

El Ascenso. La Iluminación:

“Con el retorno del héroe, ¿se acabará esta reyerta?

Aquí estamos los custodios de una singular leyenda”

No se trata de esperar a un Mesías externo, vemos en estos versos de “Centinelas de Abraxas” (p.93), que ese Ungido está en la propia conciencia del Iniciado, cuando asume su papel en los eventos del Universo.

Tannhäuser, poeta errante, caminante de los senderos, desde el hedonismo del Monte de Venus (“Venusberg”) hasta lo ascético – inmortalizado en la Ópera de Richard Wagner -, encarna las muchas dimensiones de la obra de Gorka Lasa: Trovador, Caminante, Iniciado, Maldito, Leyenda.

Recuerden en “Blade Runner” la frase de Roy Batty antes de morir:

"Yo he visto cosas que ustedes no creerían: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas... en la lluvia. Es hora... de morir".

En la última sección “LA PUERTA DE TANNHÄUSER”, el Bardo se (nos) enfrenta con el Guardián de la Puerta, el “Asura” del Buddhismo, aquella Lucha contra el Ángel, que combatió Jacob – luego Israel - , Prevert el bardo galo, y del que no se escapa Gorka Lasa, en su “Combate desigual” (p.97):

“Perverso ángel celoso de lo humano

Nos asume incapaz de tal prodigio.



…

Tramposo Deva nos impide este camino

¿temeroso que cruce el Ser y lo descrea?”



...

Ícaros eternos, liberados por el Sol, muerte y transfiguración, rasgar el “Velo del Olvido”, fin de la Felicidad Inocente, para encarar la responsabilidad de la Luz.

Así, “Todo vuelve a su día” (p.105), llegamos a casa de donde salimos, el paisaje es igual, sólo ha cambiado nuestra percepción del mismo, salimos vacíos de equipaje y sólo podemos regresar desapegados a dicho bagaje, renunciar compartiendo los tesoros gestados, aprehendidos en el viaje.

...

No eres raro por añorar, por soñar lo que nunca has visto, tampoco por estar en descontento con lo que te rodea, por ir contra la corriente, contra la masa ciega que se revuelca en su propio fango de sangre. Y acaso también somos fango y sangre, pero si te sientes así, canta como el Bardo, considera tu viaje al borde del abismo, ya que como nos canta Gorka:

“Obviamente sus contrarios

En místicas cofradías

Esperan paciente ronda

Pues todo vuelve a su día.”
 
 
Panamá América
Suplemento Día D
10 de octubre de 2010


Tiempo Conmigo




Una buena amiga me dijo en estos días que yo me preocupaba mucho por los demás, y no me preocupaba por mí.

Claro, mi respuesta inmediata fue decir que me sentía bien preocupándome por los demás. Pero creo que ella iba más allá de eso. Algunas veces escribo para compartir mis experiencias con las demás personas y mejorarles, de alguna manera, su vida. Y eso me llena.

Pero debe haber un espacio para compartir con uno mismo. Un espacio para encontrarse con uno mismo.
Muchas veces, uno se debe detener a pensar lo que se ha hecho, y lo que falta por hacer.

Revisar qué hemos hecho bien y qué no hemos hecho bien. Revisar nuestra salud, física y mental. Ir al médico, sanar nuestras heridas. Hacernos mantenimiento.

Muchas veces, cual alcohólico o drogadicto que se refugia en sus vicios, nos llenamos de actividades y de trabajo, sólo para escapar de la realidad. Y llegamos cansados a la noche. Tan cansados que llegamos a dormir. Y nuevamente, al día siguiente, con la misma rutina.

Debe haber tiempo con uno mismo. Me recomendaron que dedicara media hora, para que me sentara en silencio, a escuchar mis pensamientos y sentir mis sentimientos. Y me ha hecho bien.

Encontrémonos con nosotros mismos.



Amarrada

 
Leocadio Padilla
PA-DIGITAL

Estoy sentada en la oscuridad con la compañía del miedo, de un temor que impide levantarme para salir corriendo, pero algo insociable aquieta el movimiento de mis manos, algo hosco aplaca mis piernas. Escucho el chillido de unos frenos y unos ligeros pasos que se acercan…

Hace días deserté de un grupo de asaltantes que todavía realiza visitas planeadas a las casas cuyos residentes se encuentran ausentes, pero están vigilados por los fieles amigos. Los habitantes de las barriadas comentan con mucho temor sus andanzas. Tienen como cómplices a los diarios que le han dado una popularidad inmerecida.

Empezaron a envenenar a los pobres perros para entrar por el patio, y así realizar nuestras fechorías. Qué culpa tenían los animales, no les costaba mantenerlos vivos. Podían haber encontrado una manera de robar sin matarlos. Ninguno escuchó mi queja.

Empecé a seguirlos. Todos los movimientos del grupo eran estudiados minuciosamente. Aprendí su hora de llegada y salida de las casas que eran visitadas. Cuando el grupo terminaba su faena de saquear yo entraba a recoger lo poco de valor que encontraba.

Una noche, cuando terminé de recoger mi parte, encontré a la salida un carro estacionado. No me había percatado de que tenía horas de estar frente a mi improvisado domicilio. Nerviosa deposité las bolsas negras en el basurero.

El enfrentamiento con los extraños visitantes era inevitable. Caminé hasta el carro para preguntarle acerca de la presencia de los dos. El chofer me midió con la mirada. Me contestó que eran policías. Mi duda se resolvió con la presentación de sus credenciales. Traté de disimular mi nerviosismo, era inevitable el enfrentamiento, tampoco podía correr.

Traté de controlar mi sorpresa cuando uno de ellos me pidió un vaso de agua. Aceptó mi invitación con una expresión de burla en los labios. No recuerdo cuando empezamos a caminar.

Cuando entramos a la casa, uno preguntó por los perros. Duermen profundamente, les dije. Pero miraron de soslayo hacia el patio donde permanecían acostados con sus patas bien estiradas.

Los invité al comedor y buscaron a su gusto los asientos. Miraban fríamente todos mis movimientos bañados de humedad.

-¡Basta de dramas!-uno se levantó y gritó. Me agarró. -Guarda silencio-, dijo. Me había apuntado con una escuadra niquelada.

-¡Me di cuenta de tus equivocaciones cuando abrías las puertas para buscar los vasos en el aparador, me susurró en el oído. Escuché del otro cuarto, la risa burlona que buscaba algo.

¿Qué has hecho? ¡No puedo dejarte sola!, le dijo. Siempre tienes que emerger esa sensación oculta que cargas como una enfermedad, dijo.

Cada uno de mis opresores me depositó un beso, en la frente. Ella, con su aroma de mujer volvió a impregnarme un beso en mis labios. No me sentí escandalizada. Me agradó el pequeño momento que viví. Buena suerte, me dijo, después de llamar a la policía.

Detrás de los ligeros pasos se escuchó el derrape de los neumáticos y las sirenas que se apagaban. Como en las series de policías que se transmiten por la televisión, la puerta se abrió bruscamente. Al entrar, la policía se sorprendió por la situación extraña y jocosa en que me encontraron. Estaba desnuda.

 
Panamá América
Suplemento Día D
19 de Septiembre de 2010
 
 

¡A perdonar!


Un buen día, el maestro nos pidió que lleváramos papas crudas y una bolsa de plástico. Escogimos una papa por cada persona a la que guardábamos resentimiento, escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa.

Nos pidió que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas en la mochila.

¡Algunas bolsas eran realmente pesadas!

Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo. Me molestaba esa carga, pero aprendí que mientras ponía mi atención en ella para no olvidarla, desatendía cosas que eran más importantes para mí.

Este ejercicio me hizo pensar sobre el precio que pagaba por no perdonar algo que ya había pasado y no podía cambiarse.

Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que el primer beneficiado es uno mismo. Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental. La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas, pero que finalmente nos termina envenenando. En ocasiones, al primero que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron como hubieras querido.

El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó.

9.8 METROS POR SEGUNDO AL CUADRADO



Andrés Villa
Escritor

Su vida empezó a pasar vertiginosamente por su mente, como un dictamen, al mismo tiempo que por sus ojos los distintos pisos del edificio que bien conocía. Vio al señor José en su ventana del nivel siete aguaitándolos, como siempre lo hacía en las madrugadas, pero, qué raro, lo vio cabeza abajo. Al mismo tiempo recordó cuando llegó a vivir a la edificación. Era aún muy joven, se convirtió en el alma del nuevo vecindario, pero esa parte desfiló en un milésimo de segundo. Enseguida se vio ya un hombre y a muchas familias amigas abandonando el inmueble que se deterioraba. La gente del quinto piso le resultó extraña; sus miradas se cruzaron con la suya, pero rápidamente sus muecas de terror desaparecieron.

Volvió a verse, esta vez discutiendo con su madre y hermanas que lloraban, pero el piso cuatro, tétrico, oscuro y abandonado interrumpió esa parte de su vida. La nueva imagen que percibió no le gustó para nada, se veía sucio, sin dientes, descuidado, preparando droga junto a otros adictos. El piso dos, donde tampoco vivía nadie pues las autoridades poco a poco lo habían desalojado derrumbando sus balcones, despertó una llamada de alarma en su cabeza. Algo raro sucedía. Seguía viendo todo al revés. Entonces recordó la disputa en la azotea con sus secuaces, por el juego de dados y la porción de droga que había consumido sin pagar.

Entendió que era arrastrado de forma irreversible por una fuerza infinita, cósmica. Movió sus manos y sus piernas con la esperanza de asirse a algo.

Un alarido espantoso rebotó en la noche llenándola de horror... Seguido de un golpe seco, brutal y monstruoso.

¡Buen humor!



Lucas era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir.

Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, él respondía: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo".

Era un gerente único, porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón: por su actitud. Él era un motivador natural. Si un empleado tenía un mal día, Lucas estaba ahí para decirle cómo ver el lado positivo de la situación.

Un día me cansé de eso y le pregunté a Lucas. "No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo". ¿Cómo lo haces? Lucas respondió:

"Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Lucas, tienes dos opciones hoy: 'Puedes escoger estar de buen humor o de mal humor. Escojo estar de buen humor'.

"Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello".

"Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida".

Si, claro, pero no es tan fácil, protesté. "Sí lo es", dijo Lucas. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección".

En resumen, tú eliges cómo vivir la vida. Cada día tenemos la elección de vivir plenamente; la actitud, al final, lo es todo.

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