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Rebeldía Social




La cultura de barrio, la crítica social y esa vida que en Panamá transita todos los días entre la riqueza y la pobreza. Este blog nació para hablar de eso, sin filtro y sin academia.


Empecé Rebeldía Social en 2014 porque en mi barrio veía dos Panamás conviviendo en la misma cuadra. Por un lado el edificio nuevo, la publicidad de una vida que parece inalcanzable. Por el otro, la tienda, el puesto de frituras, la conversación en la acera, el poema escrito a mano y el fanzine fotocopiado que pasa de mano en mano. Ese contraste no sale en los periódicos, pero es donde ocurre la cultura real.

Este no es un blog de noticias. Es una recopilación viva de información literaria hecha desde abajo.

¿Qué vas a encontrar aquí?


1. Cultura de barrio. Historias orales, crónicas de la calle, entrevistas a creadores que no están en galerías, reseñas de toques en patios, de murales que duran tres días y de libros que se consiguen en la feria usada. La cultura que no pide permiso.

2. Crítica social. Reflexiones y artículos sobre lo que nos atraviesa: el costo de la vida en la ciudad, el transporte, la gentrificación del Casco y de Río Abajo, la memoria de las protestas, el trabajo informal que sostiene a la familia. Escribo desde mi experiencia viviendo en Ciudad de Panamá, no desde la teoría.

3. Literatura para entender la desigualdad. Poemas propios y de autores que me formaron, pensamientos cortos para leer en el bus, y recomendaciones de novela. Novela panameña y latinoamericana que habla de barrio, de migración, de mujeres que resisten. Cada recomendación viene con por qué leerla y dónde conseguirla si es posible en librerías locales.

Retomé el blog en 2026 porque me di cuenta de que hacían falta espacios lentos. Espacios donde un texto pueda tener más de 280 caracteres, donde un fanzine de 2008 siga importando y donde podamos guardar memoria. Si creciste entre la riqueza que ves en la tele y la pobreza que ves en la parada, este lugar es para ti.

Soy la autora detrás de este proyecto. Escribo desde Panamá, investigo fanzines y cultura impresa independiente desde hace más de diez años. No represento a ningún medio ni partido. Lo que publico aquí nace de archivos personales, conversaciones de barrio y lectura constante.

Si te interesa un tema en particular, déjamelo en comentarios. ¿Qué cultura de barrio crees que no se está documentando?

Después de 15 años, vuelvo

Vuelvo en 2026: el archivo sigue abierto

No vuelvo como escritora. Vuelvo como lectora que guarda.

Rebeldía Social siempre fue una libreta de recortes: un cuento de Andrés Villa, un poema encontrado, una escena de una película sobre barrio. Lo dejé en 2012. Hoy lo retomo porque la rebeldía sigue produciendo literatura en todas partes.

Qué vas a encontrar

  • Recopilaciones de cuentos y poesía sobre cultura de barrio
  • Reseñas breves de novelas, películas y documentales
  • Notas inspiradas en noticias, siempre con mirada literaria

No es periodismo. Es memoria literaria.

— Martha

Acerca de

 

¿Qué es Rebeldía Social?

Rebeldía Social no es un blog de noticias. Es un archivo literario que empecé en 2010 para recopilar historias sobre la rebeldía —la de barrio, la juvenil, la silenciosa— de cualquier parte del mundo.

No soy escritora ni periodista. Soy lectora. Reúno aquí cuentos cortos, poemas, fragmentos de novelas, reseñas de películas y documentales, y notas inspiradas en artículos y blogs que hablan de la cultura de barrio.

¿De dónde viene?

De la curiosidad. Leía una noticia sobre pandillas en Panamá, luego un cuento de Andrés Villa, después un poema callejero. Todo hablaba de lo mismo: la necesidad de hacerse escuchar. Decidí guardarlo en un solo lugar.

¿Por qué en 2026?

Porque esas historias no envejecen, solo cambian de formato. Hoy la rebeldía está en un TikTok, en un grafiti, en una novela gráfica. Quiero actualizar el archivo con mirada literaria, no periodística.

Contacto: Martha P. Blandón — Ciudad de Panamá

De la desobediencia civil a la desobediencia social: la hipótesis imaginativa


Marcelo Expósito

Escrito a finales del 2002 y revisado a comienzos del 2003.
Publicado en la revista Brumaria, nº 2, junio 2003.



A mis hermanos y hermanas de Turín y Milán (PuntoZip!, Chainworkers, C.S. Bulk), por su ayuda, cariño y enseñanzas, con afecto militante.

A mi hija, Marina Alba.

“Decir ‘yo no voy a negar mi acto’ es rechazar llevar a cabo una negativa, pero no es precisamente reivindicar el acto. Decir ‘sí, lo hice’ es reivindicar el acto pero también es cometer otro acto en la misma reivindicación, en el acto de hacer públicos los propios hechos, un nuevo acto criminal que redobla y toma el lugar del anterior” (Judith Butler, El grito de Antígona).

“La crítica radical a la democracia consensual no [es] simplemente la crítica del concepto, sino de las prácticas que producen formas alternativas de intervención sustrayéndose de la norma consensual. La acción misma de corrimiento de la política de consensos nos abre una vía a la multiplicidad [la destitución de todo centro] y a las nuevas imágenes identificatorias de la felicidad” (Colectivo Situaciones, Por una política más allá de la política).

En dos partes dividiré este escrito y comenzaré por ofrecer, casi programáticamente, una secuencia de tres tesis. Tales tesis están lejos de buscar constituir algún tipo de conocimiento sistemático sobre las prácticas desobedientes, lo que no resultaría conciliable con lo que de hecho se postula. Modestamente, a modo de ráfagas, se trata tan sólo de introducir algunos presupuestos del racimo de casos -prácticas, movimientos y grupos, saberes- que posteriormente se van a enumerar. Todo ello con un propósito final: exponer una serie limitada -aunque ojalá no azarosa ni anecdótica- de constataciones y aventurar algunas ideas sobre la manera en que parece que se están operando hoy, en las prácticas de la desobediencia, algunas resignificaciones, a caballo del ciclo de luchas globales en curso y de acuerdo con la actual reorganización de los poderes y de los saberes también a escala global. Se trata asimismo de rastrear tentativamente el papel que la desobediencia juega en las nuevas formas de expresividad antagonista y al tiempo en la conformación de sujetos políticos nuevos, en un mundo crecientemente complejo y cambiante: no sin fundamento, ni aisladamente, Paolo Virno afirma que la desobediencia y el éxodo (la deserción) son los dos términos clave en la nueva acción política de la multitud [1].

El conjunto quiere mostrar, antes que la estructura de un texto omnicomprensivo, la forma más provisional y abierta de una suerte de cuaderno de notas.

*

1ª tesis. Si la desobediencia “excede” la norma, entonces la experiencia de su práctica no puede ser adecuadamente comprendida -sólo cosificada, recuperada, normalizada- cuando el foco se reduce a aspectos normativos, sean técnico-jurídicos, filosófico-políticos u otros.

Cuatro palabras aquí para contradecir una serie de tópicos establecidos y expresar, a modo de ejemplo, una experiencia compartida por quienes participamos en el intenso ciclo de desobediencia civil que atravesó nuestro país durante la década de los 90 [2] : mientras en la prensa o en medios especializados, en los tribunales o en el mundo académico, se discutía la pertinencia política de la desobediencia civil o su carácter respetuoso con los fines últimos de nuestro ordenamiento jurídico, miles de personas insumisas producían e incorporaban una serie de prácticas sociales que excedían todo posible conocimiento normativo. El aprendizaje del trabajo político cooperativo, a contrapelo de las exigencias sociales de competitividad y de la rentabilización de la experiencia y los saberes comunes por parte de unos pocos; la constitución de grupos de apoyo y redes de solidaridad frente a la represión y la criminalización, erigidos sobre los pilares de una cotidiana política de afectos; la implementación de una compleja dialéctica negociación/confrontación con muy diversas instituciones sociales, de los medios de comunicación oligárquicos a los tribunales, de la prisión a las asociaciones civiles; la construcción de imágenes de autorrepresentación pedagógicas y fuertemente significantes, que interpelan al cuerpo social al tiempo que sirven de instrumentos de autorreconocimiento de un movimiento político complejo…; la producción, en suma, de un contrapoder: todo ello contribuyó a la constitución de espacios de socialización alternativos que una generación políticamente huérfana hubo de reconstruir sobre la tierra arenosa de la transición y su subsiguiente esterilización de la memoria militante [5].

2ª tesis. Si son verdaderas, las nuevas gramáticas de las formas de hacer política antagonista no pueden reducirse a un adorno de lo viejo, pues son el síntoma de la emergencia de nuevas subjetividades políticas; la desobediencia es hoy una herramienta clave para su autoconstitución.

En un resumen no por apretado menos sugerente y rico de las revueltas del 77 en Italia, Bifo habla de una doble memoria: la del movimiento político más visible, explosivo, altamente confrontativo, y al fin dura y friamente aplastado; y la menos evocada del “movimiento creativo, que situaba en el centro de la acción política los media, la información, el imaginario, la cultura, la comunicación, pensando que el poder se jugaba en estos lugares y no en la esfera de la gran política de Estado o de la gran política revolucionaria” [6]. Lo que Bifo describe son las dos caras a veces en tensión de un movimiento que se despliega en un momento histórico contradictorio: el final de algo que no acaba de morir (la modernidad, la organización social erigida sobre el armazón de las formas de trabajo propias del fordismo) y el comienzo de algo que no acaba de eclosionar (la condición postmoderna, la reorganización de la vida entre trabajo y no trabajo en la era de la flexibilidad, el desarrollo extremo del trabajo social cooperativo y la centralidad del intelecto en las nuevas formas de trabajo inmaterial, la explotación capitalista de la totalidad del mundo de vida). Entre el obrero fordista y el obrero social; entre la fábrica como locus clásico tanto de la producción como del conflicto entre capital y trabajo, y los nuevos medios y lugares de la producción inmaterial. La intuición del “movimiento creativo” italiano es clara: además de organizar la desafección al trabajo asalariado para socavar formas instituidas de subjetivación capitalista (en la línea del postestructuralismo francés, se entiende que el capitalismo es no solamente un modo de producción, sino también la institución de ciertos modos de subjetivación) [7], se hace necesario redirigir el conflicto, multiplicándolo, hacia las formas de control, de explotación, de consumo emergentes: intervenir en el terreno del lenguaje, experimentando, en palabras de Guattari que Bifo rememora, la idea del “movimiento como agente simbólico, como colectivo de producción mediática, como sujeto colectivo de enunciación”.

Es aquí, pues, donde las nuevas gramáticas imaginadas y creadas por la práctica antagonista adquieren la condición de síntomas de la emergencia de sujetos sociales nuevos. Y si la desobediencia multiplica los procesos alternativos de subjetivación política, ya no se puede entender restrictivamente de acuerdo con la forma clásica de confrontación puntual a una ley, sino que hablamos de la organización colectiva de la desafección y el rechazo global a las formas instituidas de subjetividad. Tal desobediencia no es pues meramente el “soporte” o la mediación instrumental de algún tipo de “reivindicación”, sino que interviene de forma central en la producción de subjetividad política alternativa.

3ª tesis. Si hablamos de imaginación y creatividad en la desobediencia, es desde la crisis de las figuras clásicas del compromiso.

Hablamos del fin de las relaciones de subordinación de la acción al pensamiento, del paternalismo de una élite de especialistas en la producción de formas elaboradas de imaginación cultural y política sobre los saberes y las culturas subalternas; del fin de la escisión entre teoría y práctica de la política antagonista. El argentino Colectivo Situaciones habla de pensar en situación, poniendo el cuerpo, para describir la producción de lenguajes, conceptos, experiencias, saberes, a través de una práctica política que busca poner en marcha una potencia práctica del deseo [8]. (“Pensar poniendo el cuerpo” sería también una imagen inmejorable de la práctica desobediente, de la manera en que el cuerpo actúa y produce saberes y experiencia literalmente encarnando una acción política.) Situaciones nos ofrece también una versión sofisticada del concepto investigación militante, que entiende en términos de producción y constatación de un conjunto de hipótesis prácticas y teóricas sobre las vías de emancipación, estableciendo un vínculo positivo con los saberes subalternos, dispersos y ocultos, para producir un cuerpo de saberes prácticos de contrapoder. La investigación militante trataría de generar una capacidad de las luchas de leerse a sí mismas, retomando y difundiendo los avances y las producciones de otras experiencias. No es la elaboración de intelectuales comprometidos o de un conjunto de asesores de los movimientos sociales: no se trata de politizar, de “mejorar” o de innovar en las experiencias “desde afuera”, sino de buscar en el movimiento real las pistas emergentes de una nueva sociabilidad. En resumen, se trataría de superar la intelligentsia para avanzar hacia la producción de figuras colectivas del compromiso. Cuando hablamos de una hipótesis imaginativa para las nuevas prácticas desobedientes, pensamos en la manera en que el intelecto colectivo es la precondición para la producción y diseminación de gramáticas y herramientas de trabajo político concretas, adaptables, reapropiables quizá para situaciones diversas: que circulan, siendo propiedad común. Hay una tarea específica que trata de la materialización y proliferación de tales instrumentos de producción de antagonismo y de socialibilidad alternativa, pero se trataría de un trabajo que opera no de una manera elitista ni especializada, desde la distancia o desde un afuera, sino desde el propio sujeto, un trabajo que participa de un flujo que va y vuelve a lo común, que es todo lo opuesto a una cristalización de la experiencia y los saberes. En la línea de la hipótesis anterior: la tarea de imaginar y crear nuevas gramáticas y herramientas no cumple una función subordinada a los “contenidos” de las prácticas políticas “centrales”, las nuevas figuras del compromiso no operan en un plano secundario de la política, no “adornan” ni “complementan” lo viejo: ese trabajo cooperativo, cuando es verdadero, es en sí mismo expresión de potencia, produce contrapoder [9].

*

“[E]s la génesis de las instituciones, la función históricamente constitutiva de la imaginación que comienza a tomarse en consideración… La transformación que sufre el concepto de lo político: no más astucia y dominio, sino imaginación y constitución… Lo político es la metafísica de la imaginación, de la constitución humana de lo real, del mundo. La verdad vive en el mundo de la imaginación, es posible tener ideas adecuadas que, lejos de agotar la realidad, sean, por el contrario, abiertas y constitutivas de realidad, verdaderas intensamente, el conocimiento es constitutivo, el ser no sólo se halla, es también actividad, potencia… La actividad imaginativa… consolida la verdad del mundo y la positividad, la productividad y la sociabilidad de la acción humana”. “Potencia contra poder… La política es el reino de la imaginación material” (Toni Negri, a propósito de Spinoza, La anomalía salvaje).

1. La ocupación del espacio público por la resistencia global: diversidad del antagonismo y proliferación de los sujetos políticos.

La mañana del 26 de septiembre de 2000, unas 15.000 personas se dan cita en la Plaza Namesti Miru, en el corazón de Praga, con el propósito de dirigirse al lugar donde los mandarines de la economía mundial se reúnen con motivo del encuentro anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La gran marcha arranca con un rugido festivo, salvaje, para ir dividiéndose en tres ramas diferenciadas, señalizadas con colores puros: la marcha azul, la marcha rosa, la marcha amarilla. Cada una de ellas habrá de atravesar la ciudad para acabar rodeando conjuntamente, en un abrazo antagonista, con estrategias de confrontación propias y diversas y desde diferentes posiciones, el centro de congresos. La historia es ya conocida: el FMI y el BM, estrangulados, cancelan precipitadamente el programa de reuniones con dos días de antelación [10]. Las protestas continúan, pulverizando el previsto clásico despliegue de representaciones del poder institucional y transnacional en la ciudad, que ahora ve modificados sus ritmos cotidianos por una multitud de flujos alternativos e imaginativos que la recorren, reorganizando ocasionalmente su tiempo y sus espacios.

Teñir de colores las expresiones de resistencia o confrontación en la calle supone ocupar los espacios públicos de la ciudad mediante riadas humanas que subsumen y engullen los signos políticos distintivos de grupos o movimientos específicos, para acabar constituyendo la imagen de una multiplicación de subjetividades políticas. Esta práctica de señalización polícroma de la diversidad estratégica había sido inaugurada durante la fogosa street party del 18 de junio de 1999, que ocupó de forma carnavalesca la City, el centro financiero de Londres, suspendido por miles de personas enmascaradas en cuatro colores diferentes (significativamente: rojo, verde, negro, dorado), con motivo de la primera gran Jornada de Acción Global contra el Capital que, convocada por la red internacional People’s Global Action/Acción Global de los Pueblos, coordinó protestas por todo el planeta.

Sólo la ocupación de Namesti Miru había sido permitida legalmente. A partir de un momento determinado, por tanto, la marcha encaró el camino de la ilegalidad: varias filas de cuerpos oscuros, mecanizados, equipados con armamento y cámaras de vídeo, se instalan a su paso, con un enorme cartel que reza: “Ciudadanos, la policía les hace saber que su concentración es ilegal. La disolveremos y les invitamos a alejarse de forma pacífica. Si no obedecen esta invitación, corren el riesgo de que las fuerzas del orden tomen medidas contra ustedes”. Por supuesto que nadie hizo caso del aviso, y que las medidas fueron tomadas: pero la policía contribuyó así, inopinadamente, a construir una imagen poderosísima de un tipo de desobediencia masiva, organizada pero caracterizada por amplios márgenes otorgados a la espontaneidad y a la libertad para poner en práctica formas de confrontación y estrategias diversas. En esta imagen, el paso a la desobediencia, cruzar la línea de la legalidad, abre el camino a un movimiento que, literalmente, se extiende y prolifera en la ciudad: contrarresta la imagen instituida de un espacio homogeneizado por las tecnologías de poder consensuales, para pasar a conformar, mediante la propia acción política, un espacio público heterogéneo, constitutivamente recorrido por la contradicción y el conflicto. Un movimiento que rompe asimismo con el viejo imaginario izquierdista de una mítica unidad opositora con un objetivo principal que subsume el resto de las formas de antagonismo consideradas secundarias -en la izquierda clásica, se trata de la subsunción de toda conflictualidad social al conflicto central entre capital y trabajo, conflicto que encarna el sujeto político unitario representado en la tradicional manifestación lineal, donde una masa más o menos homogénea recorre un mismo camino entre un punto de inicio y un punto de llegada-. Un movimiento fluido, multiforme, pluricéntrico, dotado de estrategias con una alta capacidad de agregación y contaminación, sin un centro fijo, con múltiples focos de conflicto y gramáticas de visibilización, una diversidad antagonista irreductible [11].

2. De la desobediencia civil a la desobediencia social.

Actualmente, la reflexión quizá más específica y sistemática acerca de una posible resignificación de la práctica de la desobediencia en el seno del movimiento de movimientos contra la globalización capitalista es la que ofrece el Movimiento de los y las Desobedientes en Italia, constituido en enero del 2002 en Bolonia a partir de la experiencia previa del Laboratorio de la Desobediencia Social [12].

El nudo de la expresión desobediente italiana está contenido en esta imagen: superar la desobediencia civil como una práctica “protegida”, encerrada en el marco de comprensión liberal, para dar el paso hacia la desobediencia social. La desobediencia civil tradicional consistiría fundamentalmente, de acuerdo con este punto de vista, en la confrontación con una ley o una autoridad pública que se considera en contradicción con una ley o norma de rango superior. Se trataría, por lo tanto, de un tipo de desobediencia limitada, condenada a ser recuperada por un orden normativo que quedaría siempre en alguna medida reforzado. La desobediencia social tendría, frente a esto, el carácter de un tipo de desobediencia que impugna la norma primordial que, aun no escrita, está en la base de la legitimidad del Estado y del orden: “es necesario obedecer las normas” [13]. La desobediencia social cobra así el carácter de un tipo de subversión radical, no recuperable para el sistema normativo establecido por cuanto lo desborda, poniendo en tela de juicio la propia legitimidad del dominio y del mando estatales. El fin declarado es dar lugar a un tipo inédito de esfera pública no estatal, radicalmente democrática, a construir en un proceso constituyente paralelo al impulso desobediente, “lejos de los mitos y de los ritos de la soberanía” que han sostenido históricamente la constitución del Estado moderno [14]).

A nadie se le escapa que tales mitos y ritos de la modernidad política han entrado en crisis, en una época de reorganización del dominio y el mando a escala global: ni la soberanía estatal, ni la ciudadanía, ni los derechos, pueden seguir siendo pensados en su forma clásica, como en siglos anteriores, ni es factible regresar a su afirmación fuerte en un sentido retroactivo. Precisamente, los puntos que el documento fundacional del Movimiento de los y las Desobedientes propone acometer, ofrecen una enumeración sistemática de los lugares de crisis y conflicto en la postmodernidad y el postfordismo; reseñablemente: (1) la precariedad como condición de las nuevas formas de trabajo/no trabajo: por la redistribución y reapropiación del trabajo y el salario; (2) la inmigración y la crisis de la condición ciudadana clásica sobre la base del Estado-nación: por los nuevos derechos de ciudadanía de las personas inmigrantes, contra las leyes e instituciones restrictivas de los movimientos de las personas; (3) frente a la inversión de la relación clásica entre política y guerra (la guerra precede hoy a la política en un mundo sometido a un “estado de guerra global permanente”): por la solidaridad y la diplomacia desde abajo.

La cuestión estriba, en resumen, en cómo imaginar e implementar formas de desobediencia que intervengan en los nuevos espacios de conflicto propios de la crisis de la modernidad y del fordismo, y que abran además el proceso constituyente de un nuevo orden civil. En este sentido, por ejemplo, las impactantes acciones promovidas por los y las desobedientes contra los infames lager, van acompañadas de un movimiento civil que busca extender las formas de cooperación a la hora de fortalecer la situación de las personas inmigrantes en Italia [15]). Una de las ramas del colectivo PuntoZip! (actualmente integrado en el Movimiento de los y las Desobedientes en Turín), SenzaFrontiere.Zip!, trabaja en reforzar redes ciudadanas locales de apoyo a la inmigración, identificando así aspectos clave del nuevo conflicto: “La clandestinidad es un poco el paradigma de la cuestión inmigración… La batalla que hoy afrontamos consiste en afirmar que estos son los futuros ciudadanos, como nosotros… La nuestra es una acción de apoyo… motivar a la izquierda plural a construir conflicto y no sólo servicios; pero también volver a trabajar en los barrios donde la degradación es más fuerte, para reivindicar la universalidad de algunos derechos fundamentales a partir de una distribución más igualitaria de la riqueza social [de ahí el trabajo cotidiano por universalizar la asistencia sanitaria]… y de ahí, la batalla social contra la reglamentación de los flujos migratorios [con el fin de impedir que se siga vinculando el trabajo asalariado con el derecho de las personas a moverse libremente, dejando de comprender a la inmigración como potencial mano de obra]” [16).

3. Liberación del trabajo y liberación del deseo. Desobediencia como subversión de la vida entre trabajo y no trabajo.

En abril de 2001, un puñado de personas penetran en Metropoli, un gran centro comercial de Milán, en hora punta. Introducen inadvertidamente generadores eléctricos y un equipo musical y de amplificación para comenzar a intervenir en el flujo habitual del lugar: música de Bob Marley, consignas de agitación y flyers dirigidos, principalmente, a los jóvenes que trabajan en el centro en condiciones precarias. Los guardias intentan, violentamente, interrumpir la acción: las consignas, entonces, se orientan a señalar la contradictoria gestión privada de un espacio que se dice público: "venimos a trasladar nuestro centro social al centro comercial". Poco después ya es demasiado tarde: el grupo que se atrinchera en el interior provenía de una caravana de 12 furgonetas, equipadas con sound-systems, que ahora ruge música a toda máquina encaramada al aparcamiento en el techo del edificio, con la presencia de medios de comunicación convocados a la fiesta y el flujo de clientes del centro que se arraciman alrededor de los diferentes focos de la acción.

En julio de 2002, un extraño cortejo atraviesa el centro de Barcelona: varias decenas de personas ataviadas carnavalescamente se aproximan a la zona comercial de Portal del Ángel, para acabar accediendo a una conocida tienda de moda juvenil: Bershka. Ante la incredulidad de los guardias de seguridad y las empleadas del local, señalizan un territorio fronterizo entre la tienda y la calle y se disponen a realizar un extraño desfile de moda: con grandes bocas adheridas a los trajes y enormes tenedores de madera, entre otros utensilios inverosímiles, cambian las prendas entre los estantes, los pitas de la ropa hacen saltar las alarmas de los arcos electrónicos, interactúan con las clientas (principalmente, chicas adolescentes, ocasionalmente con sus madres). Cuando el cortejo se retira son ya cientos de personas que se arremolinan en una calle comercial colapsada en pleno fin de semana, con los guardias de toda la zona echando el cierre al paso de la imprecisa comitiva. En las horas siguientes, contradicción mediática: unos periódicos hablan de performance artística de un colectivo más o menos anónimo, otros, siguiendo fuentes policiales, de vandalismo y robo masivo en el centro de la ciudad a cargo de "movimientos alternativos". El "movimiento" ha realizado una trabajada campaña de prensa: había avisado previamente mediante extraños comunicados poéticos la presentación del primer desfile de moda Yomango en la ciudad, para acabar exhibiendo abiertamente, ¡en un evento artístico!, el "delito" cometido: la ridícula sustracción de un horrendo traje de 10 Euros, en rebajas.

España, huelga general el 20 de junio de 2002; masiva. No obstante, los inmigrantes indocumentados no pueden hacer huelga; tampoco quienes trabajan en precario, ni quienes tienen contratos a tiempo parcial, ni quienes curran sin contratos o a destajo. Ni quienes trabajan por cuenta propia vendiendo su creatividad y su imaginación (publicistas, artistas...), ni los estudiantes. Tampoco pueden ser huelguistas quienes realizan trabajos tradicionalmente no remunerados (el trabajo doméstico...), ni quienes sufren aquellos otros tipos de explotación no asociada a las formas clásicas del salario: la explotación de los deseos, de la inteligencia, de la sexualidad. La explotación de su imagen, de su identidad o sus expectativas.

Cuando al día siguiente los sindicatos tradicionales desmovilizan a su masa social para restablecer la normalidad consensual, mientras retoman su posición mediadora en el diálogo controlado entre los "agentes sociales" y el Estado, las formas de explotación difusas propias del capitalismo postindustrial aún se enseñorean de la vida social. La crisis del fordismo, la entrada en fase final de las formas clásicas del trabajo asalariado asociadas a la imagen de la fábrica y reglamentadas por el pacto social del Estado del Bienestar, son circunstancias que han abierto el campo a toda una serie de sujetos sociales inéditos: sujetos que son el resultado tanto de las nuevas condiciones de deslocalización de la producción y de flexibilidad laboral que marcan hoy nuestra vida como un tenso continuo entre trabajo y no trabajo, como también de la extensión de la colonización y la explotación capitalista a todos los rincones de la vida y de la subjetividad.

Cuando un colectivo como Chainworkers habla del "precariado", la idea de precariedad apunta aquí con toda seguridad hacia más que el carácter raquítico del trabajo asalariado en la era de la "flexibilidad" laboral: también precarización de la vida (vivienda, alimentación, servicios sociales mínimos y privatizables...), inoculada la inseguridad y el miedo crónicos, la precariedad, en el tuétano de la sociedad [17]. Cuando algunos grupos de investigación militante hablan de trabajo inmaterial, de democracia en el trabajo, de las nuevas formas de la producción, etc., lo que nos ofrecen es la exploración de un territorio, el del capitalismo transnacional, el de la crisis del fordismo y del Estado del Bienestar, para el que aún no tenemos un mapa preciso [18].

Cuando la marca Yomango habla de la manera en que el capitalismo encierra, cosifica, cristaliza nuestros deseos en objetos, nos dice también implícitamente lo siguiente: fue un proceso histórico largo llegar a comprender la manera en que el capital explotaba la mano de obra trabajadora, y más largo y duro aún fue llegar a imaginar y construir las herramientas y las gramáticas específicas de oposición a la explotación y al dominio capitalistas. Estas herramientas y gramáticas clásicas (de la huelga laboral al boicot, de la manifestación al sindicato de clase y el partido obrero), se encuentran hoy en crisis, o bien petrificadas, impotentes. Yomango nos dice, entonces, que, en el presente, estamos aún lejos de llegar a comprender cómo funcionan las nuevas formas de explotación que colonizan nuestra subjetividad: la rentabilización capitalista del deseo, de la sexualidad, de las ilusiones. Y que es necesario imaginar herramientas de subversión y oposición nuevas, desde la cotidianeidad [19].

En todos estos casos, nuevos sujetos sociales imaginan, elaboran y difunden nuevas herramientas cognitivas, de subversión, de comunicación, específicas de las nuevas condiciones históricas [20]. Trabajan diversos tipos de desobediencias que sirven también a la emergencia de nuevos sujetos políticos. De lo que no cabe duda es de que si históricamente fue necesario subvertir la relación trabajo-capital desde el interior de la producción u organizar la desafección al trabajo, hoy día es imperativo buscar la forma de descolonizar, creativamente, la totalidad del mundo de vida. Desobediencia significa así, a través del conflicto, construir nuevas imágenes identificatorias de nuestra felicidad.

NOTAS

1. Grammatica della moltitudine. Per una analisi delle forme di vita contemporanee, DeriveApprodi, Roma, 2002; “Virtuosismo y revolución: notas sobre el concepto de acción política”, Virtuosismo y revolución. La acción política en la era del desencanto, Traficantes de sueños, Madrid, 2003.

2. No deja de ser reseñable que una generación que, como sugiero más abajo, tuvo que formarse en un ambiente, post transición, de estricta deslegitimación de las formas de política no institucionales, lo hiciera creando espacios de socialización alternativos fundamentalmente sostenidos por la desobediencia civil: en el antimilitarismo (insumisión) y la okupación.

3. Poco después de la irrupción de la insumisión en 1989, el inolvidable librillo de Carlos Beristain, La insumisión encarcelada (Virus, Barcelona, 1992), ofrecía un testimonio emocionante, en tiempo real, de la titubeante formación de redes de solidaridad y prácticas de resistencia a los primeros encarcelamientos sistemáticos: el libro en sí mismo era un gesto de elaboración productiva de la viscosa experiencia carcelaria, vivida por la insumisión como un campo de intervención política. Una muestra mucho más amplia, ya con mayor perspectiva, de lo que aquí se quiere expresar, se encuentra en el reciente En legítima desobediencia. Tres décadas de objeción, insumisión y antimilitarismo, compilado por el Movimiento de Objeción de Conciencia, Traficantes de sueños, Madrid, 2002.

4. Cf. Jacques Rancière, El desacuerdo. Política y filosofía, Nueva Visión, Buenos Aires, 1996. Brian Holmes interpreta algunas conexiones entre las ideas de Rancière y ciertas prácticas artísticas y políticas recientes -alguna de las cuales también voy a mencionar- en: “Jeroglíficos del futuro: Jacques Rancière y la estética de la igualdad”, Brumaria, nº 1, verano 2002.

5. Y en ningún caso es esto más cierto que en la experiencia de la okupación y la institución de centros sociales. Por ofrecer un par de referencias recientes, accesibles y bastante sistemáticas, sobre la realidad local: Okupación, represión y movimientos sociales, compilado por la Assemblea d’Okupes de Terrassa, Traficantes de sueños, Madrid, 2000; Miguel Martínez López, Okupaciones de viviendas y de centros sociales. Autogestión, contracultura y conflictos urbanos, Virus, Barcelona, 2002 (este último atiende a los aspectos de “creatividad política” del movimiento okupa, relacionados con su carácter de “desobediencia civil continua”).

6. Franco Berardi (Bifo), “L’anno in cui il futuro finì”, en Franco Berardi (Bifo) y Verónica Bridi (eds.), 1977. L’anno in cui il futuro incominciò, Fandango libri, Roma, 2002 (traducción castellana en Brumaria, nº 2). 1977 es el año que corona un largo ciclo de luchas en Italia, cuyo retrato clásico e insuperable, que presta en efecto atención, ya en su título, a los aspectos creativos, imaginativos, del movimiento italiano, es: Nanni Balestrini y Primo Moroni, L’orda d’oro. 1968-1977. La grande ondata rivoluzionaria e creativa, politica ed esistenziale (1988), Feltrinelli, Milán, 1997. Cf. también el capítulo “Desideranti e creativi”, especialmente los textos de Bifo y Félix Guattari, en AA.VV., Settantasette. La rivoluzione che viene, DeriveApprodi, Roma, 1997.

7. “Contemporáneamente el pensamiento filosófico, sobre todo en Francia, replantea en términos de microfísica el horizonte del poder y el de la liberación. La subjetividad ya no se identifica más con la forma monolítica de la ideología, de la política, de la pertenencia social, sino en términos de toda una microfísica de las necesidades, del imaginario, del deseo… [Es necesario atender a] los procesos de atracción e imaginación que modelan el cuerpo social…” (Bifo, op. cit., p. 28).

8. En “Por una política más allá de la política”, la introducción a un libro meritorio desde todos los puntos de vista: Contrapoder. Una introducción, compilado por el Colectivo Situaciones, Ediciones de mano en mano, Buenos Aires, 2001.

9. Si en el lenguaje político de la izquierda tradicional “contrapoder” tiene unas connotaciones restringidas, casi puramente reactivas, “cuando se habla de contrapoder en realidad se está hablando de tres cosas: de resistencia contra el viejo poder, de insurrección y de potencia constituyente de un nuevo poder [...] [A]sí como las actividades de la resistencia y la insurrección alimentan y renuevan la imaginación constituyente [...] [La acción del poder constituyente ensancha] la imaginación alternativa: es pensar, todos juntos, el porvenir como potencia de la multitud, como una nueva forma de producción y de reproducción de la vida y de lucha contra la muerte” (Toni Negri, “Contrapoder”, en Contrapoder, op. cit., págs. 83, 87).

10. Para una detallada descripción de la organización y funcionamiento de las marchas en Praga: “Open Rebellion in Prague”, publicado por Indymedia Prague, reproducido en Kolya Abramsky (ed.), Restructuring and Resistance. Diverse Voices of Struggle in Western Europe, una completa compilación publicada por el autor (resresrev@yahoo.com), 2001; y el esmerado vídeo Praha 2000: Rebel Colours. Storie, contenuti e pratiche disobbedienti delle nuove forme di attivismo antiglobalizzazione, Indymedia & Nuclei Techno Sovversivi Confederati, Roma, 2001.

11. Para ampliar esta interpretación de la ocupación difusa del espacio público en Londres el 18J, y de la manera en que rompe con la imagen clásica de una marcha lineal, basada en la experiencia del movimiento Reclaim the Streets y las street parties, cf. los textos de Javier Ruiz y de John Jordan en: Paloma Blanco, Jesús Carrillo, Jordi Claramonte, Marcelo Expósito (eds.), Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 2001. Una bibliografía infinita mostraría la manera en que las nuevas expresiones difusas y multipolares de ocupación del espacio público en las prácticas de resistencia global son el fruto de un esfuerzo formidable de inteligencia y trabajo colectivo, cooperativo, en red, mediante herramientas de trabajo y formas organizativas coherentes que van de los grupos de afinidad a los espacios de convergencia; por señalar dos: “June 18th: Good Ideas Spread Like Wildfire”, en Reestructuring and Resistance, op. cit.; y acerca de la experiencia de Seattle, con especial atención a aspectos relativos a la organización de la desobediencia civil y la acción directa por parte de la red Direct Action Network: Starhawk, “Comment nous avons bloqué l’OMC”, en un monográfico sobre biopolítica y biopoder de la revista francesa Multitudes, nº 1, marzo 2002.

12. Su documento fundacional ha sido publicado en castellano en el periódico Desobediencia global, nº 2, marzo 2002. Favorecería una interesante reflexión -que aquí sólo puedo resumir- mostrar cómo el Movimiento de los y las Desobedientes, con el antecedente citado, más las experiencias previas de los Tute Bianche, Ya Basta!, la Carta de Milán de centros sociales, etc., buscan relegitimar la idea de conflicto en la esfera pública mediante la desobediencia en la situación específica italiana, donde el grado extremo de conflictualidad alcanzado por los movimientos sociales en el ciclo post 68, hasta entrados los 80, se saldó con una grave derrota infligida por un Estado que echó mano de las formas más extremas también de control y represión, suspendiendo derechos fundamentales en una “democracia de excepción” y provocando el encarcelamiento y el exilio masivos de una generación política entera, deslegitimando así de forma muy dura y difícilmente reversible todo tipo de oposición política antiinstitucional. Los ecos de estos popularmente llamados “años de plomo” aún reverberan. En este orden de cosas, la desobediencia practicada por los Tute Bianche o Ya Basta! puede relacionarse con la propuesta contenida en la Carta de Milán (19 de septiembre de 1998): “Salir de la dinámica ‘conflicto-represión-lucha contra la represión’ siempre abocada a la derrota, y entrar en un panorama diferente, en el que el conflicto social sea portador de proyectualidad. Queremos construir la espiral ‘Conflicto-proyecto-ampliación de la esfera de los derechos’… saliendo de la lógica autorreferencial”. De ahí el experimento sobre la renovación de las formas expresivas y de comunicación en su puesta en escena del conflicto en el espacio público: “La desobediencia civil y sus prácticas no se configuran en absoluto como una simulación ni como la propuesta de un escenario bélico. Por el contrario, exaltan la dimensión política del conflicto, aunque radical, entre las partes enfrentadas. Declarar la voluntad de traspasar una línea insuperable, y hacerlo sin utilizar ningún instrumento violento, sino únicamente con el propio cuerpo equipado con protecciones corporales (guatas, cascos, escudos), no puede en ningún caso ser asociado a intenciones bélicas o militares… El hecho de anunciar con antelación todo lo que se realizará, abre ya por sí mismo una puerta a la mediación política sobre el terreno…” (“Informe de los Tute Bianche [Monos Blancos] ante la comisión de investigación sobre los acontecimientos de Génova”, 6 de septiembre de 2001, publicado en castellano en Rebelión; y en José Miguel Riera (ed.), La batalla de Génova, El Viejo Topo, Barcelona, 2001).

13. Cf. Federico Martelloni, “Il tempo della disobbedienza”, y Anubi D’Avossa Lussurgiu, “Sulla pratica della disobbedienza”, en AA.VV., Controimpero. Per un lessico dei movimenti globali, Manifestolibri, Roma, 2002.

14. Cf. Paolo Virno, Grammatica della moltitudine, op. cit. También en “Virtuosismo y revolución”, op. cit.: “La ‘desobeciencia civil’ representa hoy la forma fundamental e insoslayable de la acción política, con la condición de desembarazarla de la tradición liberal de la que surgió… por moderadas que puedan ser sus diferentes manifestaciones, la Desobediencia radical debe poner en cuestión la propia facultad de mandar del Estado”.

15. Los “lager”, centros de internamiento de los campos de concentración nazis, es el nombre con que el Movimiento ha rebautizado públicamente los Centri di Permanenza Temporanea, edificios de reciente decreto donde el Estado italiano recluye indignamente a las personas inmigrantes indocumentadas, previamente a ser expulsadas del país. El Movimiento y sus precedentes han protagonizado en estos últimos dos años impactantes acciones de comunicación sobre las condiciones de internamiento en los lager e incluso intentos de inutilización o desmantelamiento, de alto contenido simbólico pero también, en algunos casos, con resultados prácticos (el CPT de Via Corelli en Milán, enfrentado en una acción directa por 20.000 personas, hubo de ser cautelarmente cerrado).

16. Editorial del nº 3 de la revista Laboratori di società, marzo 1999, monográfico sobre inmigración y nuevos derechos. PuntoZip!.

17. Cf. Chaincrew, Chainworkers. lavorare nelle cattedrali del consumo, DeriveApprodi, Roma, 2001. [Próxima versión castellana en Brumaria, nº 3, prevista para comienzos de 2004].

18. Sugiero visitar, en el sitio web Rekombinant, el área Verso un manifiesto del lavoro cognitivo: allí se pueden encontrar textos extremadamente sugerentes, como “Immaterial Workers of the World” (de 1999, punto de partida en Italia del Manifesto dei lavoratori della conoscenza).

19. Visítese . Existe el catálogo primavera-verano de la marca Yomango, difundido anónimamente a través de la página web y en presentaciones de la campaña.

20. Por ejemplo, desde hace dos años, alrededor de Chainworkers se organiza en Milán el MayDay, acción que tiene lugar el 1 de mayo, reelaborando así el imaginario y la simbología tradicional de la fiesta del trabajo para redirigirlo a una herramienta de visibilización de las nuevas formas de trabajo y precariedad social: una enorme street party (20 mil personas este año, 2002. NdA: tras la publicación de este escrito, la Chainworkers). Otro ejemplo relevante sería la conceptualización de nuevos derechos sociales por parte de los nuevos movimientos: como es el caso de la exigencia de un salario universal o renta básica, que permita escindir la ciudadanía de la condición de trabajador o trabajadora asalariada, universalizando así el derecho a una vida digna mediante una redistribución igualitaria y justa de la riqueza socialmente producida.

Que la rebeldía siempre nos bese en la boca



Escucha sus fuertes pisadas

tu corazón se agita

eres presa de una hambrienta manada

corres más más

por la húmeda selva

es imposible, pero esperanza de vivir conservas

quieres dejar la vida violenta

porque comprendes lo absurdo de la guerra

porque te colmaron los abusos a tu cuerpo

te obligan abortar, te pesa ese recuerdo

está decidido, serás libre o morirás en el intento

aunque pocas triunfan y más han muerto

y el fin de tu vida lo defina una bala en tu cuerpo

quizá lo logres, sigue corriendo

Desde mi rancho, sus gritos de dolor escuché

en su último suspiro llamaba a su madre Inés

era Ana María, una niña de 16

que por la violencia era juzgada con dureza

le cobraron el pecado de defender sus derechos

y expresarse

y luchar por su techo

con una condena de violación, tortura y muerte

sus pechos mutilados se exhibieron ante la gente

para que obedeciéramos el control

para que huyéramos en silencio

o más niñas gritar oyéramos

o nuestras hijas serían las que morir viéramos

Ella creía que sería como en las novelas

pues había sufrido mucho en la vida

esperaba que de un cuento el príncipe apareciera

y creyó encontrar el amor de su vida

el que fué su esposo

el que a golpes la acariciaba

el que de sida la enfermó en su cama

era parte de la rutina para ella

su último suspiro fué

por eso esta historia no la cuenta ella

Es otra ama de casa,

otra obrera,

otra prostituta,

otra guerrillera,

otra madre soltera,

otra sindicalista,

otra de derecha,

otra izquierdista,

otra blanca,

otra negra,

otra india,

otra joven,

otra niña,

otra desplazada,

otra periodista,

otra mujer más que muere, pero a quién le importa

le importa a los que hacen en mujeres

sus campos de batalla

a la impunidad que olvida y calla

que a ti te importe

seas hombre o mujer

podría tu hija ser, tu madre, tu esposa

también usted.

La espada mítica del patriotismo



Un sentimiento de amor es irrefutable. Pero este “entregar la vida por amor” 
no significa que la motivación de los hechos no radique en un error, en un engaño. 
El amor es irrefutable, pero lo que hace el amor puede ser deleznable.


Jorge Majfud
PA-DIGITAL

Por todos lados vemos inflamados discursos patrióticos, actos públicos, guerras y matanzas, ofensas y contraofensas, ceremonias de honor y ritos solemnes impulsados por esa orgullosa y arbitraria discriminación que se llama patriotismo. Claro, no se pueden montar discursos en nombre de los intereses de una clase social, ya que la tradición no es suficiente para sostener un concepto moralmente insignificante y generalmente negativo, como lo es el concepto de “interés”. Por lo tanto, se apela a un concepto de larga y bien construida tradición positiva: el patriotismo. Con ello, se niega la división interna de la sociedad afirmando la división externa.


La división interna —de clases, de intereses— no desaparece, pero se vuelve invisible y, a la larga, se consolida con la sangre del patriota que no pertenece al reducido círculo de los intereses que la promueven. El patriota muere religiosamente por su patria. Su patria concede medallas a sus padres, a sus hijos, y toda la seguridad a sus “intereses”. Así, morir es un honor. El honor no procede de una reflexión moral sino del discurso patriótico, del rito, de los símbolos nacionales, de una virtual trascendencia del individuo en la “salvación” de su patria.

Sólo la idea de “patriotismo” es insostenible, desde un punto de vista humano, desde la conciencia de la especie a la que pertenecemos. Es más: el patriotismo no sólo es insostenible para cualquier humanismo, sino que con frecuencia se lo usa para destruir a una humanidad que busca, desesperadamente, su conciencia universal.

Origen. El sentimiento patriótico es pasivo y activo, es impulsado por los ritos, por los discursos y por las ceremonias. Pero también es el motor de todas ellas.

El sentimiento patriótico es pasivo y activo, es impulsado por los ritos, por los discursos y por las ceremonias. Pero también es el motor de todas ellas. El patriotismo es la conciencia egoísta de la tribu que le impide la evolución a un estado de conciencia universal: la conciencia humana. El patriotismo es uno de los mitos más consolidados desde los últimos siglos.

Ahora bien, podemos decir que un país puede ser una región cultural más o menos definida —y siempre imprecisa—; que la idea de país tiene ventajas en la organización administrativa de la vida pública. De acuerdo. Pero el reclamado sentimiento patriótico es una mezcla de fanatismo religioso y utilidad secular. Si soy nacionalista, si soy patriota, estoy dando prioridad moral a un conjunto de hombres y mujeres desconocidas (mis compatriotas) sobre un conjunto más amplio de desconocidos (la humanidad). Puedo beneficiar a mi familia, a mi ciudad, a mi país en alguna decisión propia. De hecho siempre tendremos tendencia a beneficiar a nuestra familia antes que a la familia del vecino. Pero puedo hacerlo de forma consciente y no valiéndome de una mentira para justificar cualquier acto delictivo de alguno de los integrantes de mi círculo afectivo más próximo. Y el patriotismo es precisamente eso: una condición de irreflexividad. Para ser patriota debo aceptar cierto grado de acrítica (a veces mínimo, a veces obsceno, pero ese grado, por mínimo que sea, es todo lo que tiene de patriota un individuo). Todo lo demás es lo que tiene de individuo.

Esto no niega que alguien pueda sentir “amor” por un lugar concreto, por un país, y que pueda dar la vida en su defensa. Un sentimiento de amor es irrefutable. Pero este “entregar la vida por amor” no significa que la motivación de los hechos no radique en un error, en un engaño. El amor es irrefutable, pero lo que hace el amor puede ser deleznable. Y para que ese amor se identifique con la motivación errónea en necesario, además, un fuerte sentimiento patriótico. Para que ese amor nos lleve a la muerte sin el paso previo de una profunda reflexión moral es necesario un código incuestionable, una condición de fanatismo, el anestésico de un rito religioso, el patriotismo. De esta forma, la estrategia más efectiva del patriotismo consiste en identificarse —entre otras cosas— con el amor, es decir, con el altruismo, siendo que su objetivo es, paradójicamente, egoísta. Es decir, en nombre del altruismo, el egoísmo; en nombre de la unión, la discriminación.

No podemos negarlo. Todo patriotismo significa una discriminación, un crédito que extendemos a quienes comparten nuestra nacionalidad y se lo negamos a quienes no la comparten. Ahora, ¿por qué este crédito? Este crédito moral sólo puede tener una función profiláctica, pretende evitar la crítica y el cuestionamiento a quienes poseen el beneficio, la alianza interior. Pero es un crédito injusto, inhumano, discriminatorio, arbitrario.

La reflexión es cuestionamiento, el cuestionamiento es duda, y la duda siempre es un estorbo para los intereses ajenos. Un soldado que piense gasta inútilmente sus energías mentales. Si acaso se niega a ir a una guerra que considera injusta, recibirá todo el peso de la ley, la cárcel, y la lapidaria deshonra de “traidor a la patria”. Lo que demuestra, una vez más, que sólo un reducido grupo —con intereses y con poder— puede administrar el significado de lo que es y no es “patriota”. Es decir, patriota es alguien que no cuestiona, que no critica. El patriota ideal no piensa.

Yo me reconozco como uruguayo. Reconozco una vaga región cultural llamada Uruguay. Pero de ninguna manera soy patriota. Me niego a ser patriota como me niego a responder a una raza —otra histórica arbitrariedad de la ignorancia humana—. Me niego a inyectarme ese sentimiento militarista. Ser patriota es confirmar la arbitrariedad de haber nacido en un lugar cualquiera de este mundo, negando el mismo derecho que merece un africano o un asiático de merecer mi más profundo respeto, mi más firme defensa como ser humano. Desde niños, las instituciones sociales nos imponen ese sentimiento. Hace varios años uno de mis personajes, en el momento de jurar “dar la vida por su bandera” en su tierna infancia, gritó “no juro”, alegando que ese juramento era inválido e inútil, que gracias a ese juramento los asesinos y corruptos podían recibir sus credenciales de ciudadanía igual que cualquier honesto trabajador. Etc. Estoy de acuerdo con mi propio personaje. ¿Por qué debo amar a un desconocido compatriota más que a un desconocido australiano o más que a un desconocido portugués? ¿Por qué habría de entregar mi vida por una región del mundo en desmedro de otra? ¿Por qué el Uruguay habría de ser más sagrado que el Congo o Singapur? ¿Por qué debo considerar a mis compatriotas más hermanos que un argelino o un mexicano? Sí, me siento culturalmente más próximo a otro uruguayo, compartimos una historia, una forma de sentir el mundo, de hablar, de comer. Pero eso no le da prioridad a ningún compatriota mío a ser considerado más ser humano que cualquier otro.

Por todo eso, y por mucho más, seré patriota el día que se reconozca como única patria a la humanidad, así, sin discriminaciones.



Panamá América
suplemento díaD
20 de febrero de 2011

A los pobres también nos gusta el arte

Felipa Vargas
El Panamá América

Vivimos en un mundo muy acelerado donde muchas veces no podemos compartir como familia momentos inolvidables como querríamos. Esto me lleva a pensar en mi Panamá y algunas cosas que podrían mejorarse.

Por ejemplo, me gustaría ver que se apreciara más la cultura y que por doquier hubieran presentaciones culturales.

Cuando hablo de cultura hablo de la belleza musical, literaria o dibujada en un lienzo.

Observo la niñez y la juventud y no me resigno a creer que estamos dejando que caigan en los vicios y en la prostitución sólo porque no hay suficientes canchas deportivas para que se diviertan sanamente y tampoco se les ofrecen presentaciones artísticas gratuitas suficientes en las escuelas o en los parques que creo que podrían servir muy bien para unir a la familia y rescatar valores perdidos, así como el amor por lo autóctono.

Pensemos que la masa popular es pobre por lo general y no todos podemos pagar una función en un teatro, porque por muy económico que sea no baja de B/.10.00 y por lo menos en una casa hay 4 personas.

En Panamá últimamente se están creando muchos centros comerciales y San Felipe lo están remodelando. ¡Qué lindo sería reunirse en las tardes en cualquier centro comercial, como Plaza Concordia, Los Pueblos o cualquier otra, o en un parque o una plaza, en una Feria del Arte.

En estas tardes artísticas o Feria del Arte uno podría divertirse con su familia escuchando a poetas recitar o leer sus poemas, o a cantantes cantar hermosas canciones. Habrá para todos los gustos e intereses, porque se podrá apreciar la obra de pintores, escultores, ver escenas de obras teatrales y así cuando en la escuela se les habla a nuestros hijos de escritores, pintores, escultores, músicos, obras literarias o teatrales, les será más fácil aprender porque lo asociarán con su experiencia inolvidable en los centros comerciales, plazas o parques. Además, se les estaría mostrando a nuestra juventud opciones sanas y beneficiosas para invertir su tiempo libre.

Creo que si así queremos hacerlo, sólo tenemos que disponernos y apodemos salvarlos de la delincuencia. A la vez los estudiantes serán motivados. ¿Quién sabe cuántos artistas han dejado de serlo por falta de motivación?

Cuando observamos el arte nos damos cuenta del valor de la vida, que es bella.

Podrían participar la Escuela de Bellas Artes, el Conservatorio, organizaciones de artistas, de escritores, de pintores, etc.

La cultura es de todos y está presente en muchas formas, pero, no todo el mundo tiene acceso a la diversidad cultural. Y, muchas tradiciones culturales se están perdiendo en Panamá porque hay despreocupación y son pocas personas las que están tratando de hacer que se inviertan fondos en proteger la riqueza cultural.

No podemos salvar al mundo, pero sí unir fuerzas para salvar a nuestra juventud y hacerla culta. Con estas presentaciones les ayudaríamos a crecer intelectualmente, a conocerse más internamente, a ser más sensible a la belleza en todas sus manifestaciones.

Que Panamá no sea sólo reconocida por el Canal, sino también por la cultura.

Exhortó a todas las entidades y personas que desean rescatar la cultura a unir fuerzas. No porque las masas populares sean la mayoría quiere esto decir que no nos guste la cultura. Queremos aprender a preciarla y valorarla. Estoy muy entusiasmada con la idea de que los parques pudieran ser centros de presentaciones artísticas variadas sin costo alguno para el pueblo. O, si se cobra que sea lo que la gente desee aportar y esto se use para comprar libros y donarlos a bibliotecas comunales o para otro fin parecido.

Panamá América
3 de octubre del 2000

Nota extraída de: http://www.pa-digital.com.pa/periodico/buscador/resultado.php?story_id=281215&texto=los+poemas+del+pobre+pueblo&buscar.x=0&buscar.y=0&buscar=enviar#ixzz0osRLtYtL

Hombre Solitario


Qué paz
Si miro adelante
Si miro atrás
Y nadie está

Hombre solitario
Que busca sonidos no acostumbrados
Que va cuando los demás vienen agotados
Observando vuestro vicio
Mientras paseáis por el precipicio

Me asquea vuestra fortuna
De años dedicados a la usura
Hombres de cristal
Y que aparentan ser de metal

Qué paz
Si miro adelante
Si miro atrás
Y nadie está

Hombre solitario
Que no quiere mezclarse
Para no mutilarse
Que no atiende a vuestros reclamos
De hipócritas hablamos

Observando vuestras cagadas
De vidas ahogadas
Observando vuestras rutinas
De muertes repentinas

Qué paz
Si miro adelante
Si miro atrás
Y nadie está

Hombre solitario
Al que atraviesa un hierro candente
Cada vez que ve a tanta gente
Almas inconscientes de su mediocridad
Siempre detrás de la felicidad

No me conocéis
Ni espero que me habléis
Hombres de típicos vacíos
Que aparentáis falsos bríos

Qué paz
Si miro adelante
Si miro atrás
Y nadie está

Hombre solitario

El indio Zipo

Los congregados del hambre y las necesidades distraían el tiempo hablando de béisbol y fútbol, 
de boxeo y natación que ven a veces por televisión, 
porque no hay canchas abiertas accesibles 
al pueblo en todo el país.
Jairo Henry Pertuz Suárez
PA-DIGITAL

Eran las 11:30 de la mañana. Zipo Vaynara aguardaba, con paciencia, su impaciencia controlada. Había llegado a las 7:00 a.m. luego de recorrer un largo camino: 4 horas a caballo, 2 horas a pie, 2 horas en piragua y luego 6 horas en bus desde San José de David, cercano a la frontera con Costa Rica. Zipo procede de Kanquintú Arriba..., donde se atreven las águilas. Allá no hay vías, sólo las que apisan los seres humanos olvidados, los que sobreviven de sus tribus, comiendo guineo sancocha’o todo el año. Las demás vituallas son un lujo, por escasas e inaccesibles a sus posibilidades económicas, no de ahora, sino de siempre.

Zipo, descendiente puro de nuestra raza aborigen, tiene un sello como tal en toda su anatomía. Su rostro, desgastado por las penurias que le ha impuesto la civilización y el "crecimiento económico", mas no su edad. Solo tiene 29 años y muestra apariencia de 50 o más. Engastado en su rudimentaria vestimenta... cavila, mientras su mirada sombría, pareciera un ruego al Creador.

- Joven - inquirió Zipo a la extraviada funcionaria recepcionista del despacho..., ¿el Honorable me recibirá hoy? - A Zipo le daba igual que fuera legislador, diputado, ministro, autoridad competente, magistrado o director de las nuevas autoridades creadas. Al fin, ha recorrido tantos despachos y, en todos, lo miran por encima del hombro. Es un indio... sólo eso.- La recepcionista asintió... -Sí "tío", no se preocupe, él lo atenderá. - No dijo cuándo o a qué hora.

Zipo, acostumbrado a aguantar hambre, no se preocupó por la respuesta, mas le llamó la atención que le llamara "tío" alguien que nunca en su vida había conocido, ni era familia suya. Además, en la tribu y en sus caseríos, los menores de edad le dicen a los más viejos "señor". -La oficina se llenaba más de gente. Algunos denotaban angustia y ansiedad, otros convencimiento de que, hoy sí recibirían la respuesta positiva que desde hace año y medio, esperan.

- Juani..., dile al señor Pérez que venga la otra semana, - dijo una rubia teñida a la recepcionista. -Juani asintió con una sonrisa nerviosa más que penosa. -Una ayudante de recepción tomó asiento al lado de Juani y empezó a revisar la larga lista de nombres y mensajes que estaban escritos en una libreta dentro de un fólder (o file, a lo gringo).-

- ¿Quién es el señor Zipo?- Zipo levantó el índice del brazo izquierdo..., - soy yo, joven.

- Respondió el zurdo... -Dice el honorable que lo espere, que tuvo que salir al "lunch" con una gente.- El rostro noble del indio palideció más; si estuviera bien nutrido hubiera enrojecido.

Estoico, controlando su rebeldía ante las injusticias que padece él y su pueblo, guardó silencio. Tiene 3 días que ni siquiera ha podido comer guineo sancocha’o, como lo hace en su Comarca. Solo café negro con una hojaldre al día, lo que comen la mayoría de hambrientos negros, mulatos y mestizos en la capital.

La gente se apretujaba en la recepción refrigerada del vetusto edificio. Pareciera este el muro de los lamentos de Jerusalén en la sufrida Palestina. Todos con un ruego. Como si no lo merecieran como ciudadanos. Unos lo traen en la mente, otros, escrito en un papel y otros, en una tarjeta de recomendación con un brevísimo mensaje. Aún con todas sus angustias y preocupaciones, veían pasar en medio de ellos a exóticas funcionarias con aromas de perfumes caros y minifaldas, así como a ensacados "Licen", asesores bien pagados por no hacer nada. Los congregados del hambre y las necesidades distraían el tiempo hablando de béisbol y fútbol, de boxeo y natación que ven a veces por televisión, porque no hay canchas abiertas accesibles al pueblo en todo el país. Las que dejaron los gringos en Albrook fueron vendidas a Panamá Ports y al Ferrocarril. Esos únicos espacios para el pueblo fueron cercenados de un plumazo, con ventajas que producen millones para las transnacionales que compraron estas empresas. Con el dinero de la venta no se ocuparon de construir las 20 canchas cuyos espacios vendieron, construyendo otras, no 20, sino 30, tan necesarias para niños, jóvenes y adultos. Bueno, al fin, ¿a qué político o gobernante le interesa esto? Otros de los presentes hablaban de la vecina picarona, de la balacera entre pandilleros jóvenes cuyo futuro es el cajón de muerto o la cárcel superpoblada.

Hoy mataron a Calito-gun, pilla -, exclamó un espigado moreno. - El barrio ‘ta caliente, -sentenció- Sofía, con sus formas corporales expuestas en una licra, comentaba con Josefa -que ya ni arró pela’o podemo comé... too sube menos los sueldo y la oferta de trabajo... ya no sé qué hacé, - dice Sofía ... voy a tené que quemá más a José pa’ podé nivelá las carga, y a vé cuándo se acabará esta mierda de vida!...

-Así es mama, -consintió Josefa, - ‘ta ‘ta bueno de aguantá calla’o. - Hey, ya a la playa tampoco se puede i, que junto al río era lo único grati pa’ la familia... y a los pela’o los tengo que tené encerra’os como gana’o, poque... ¿a dónde van a ir?,- decía un interiorano, con su viejo sombrerito a la pedrá.

- Ustedes si tan alela’os... ¿cómo que no hay a dónde ir con lo pela’o?... Yo cojo mi bu con la mujé y lo’ tre pela’o y nos vamo pa’ Albroo... - Nadie me va a decí que no podemo entrá... -no pagamo na y tamo too el domingo en el aire acondiciona’o lapé... y lo pela’o monta lo caballito metálico a quara... - ¿Qué ma tú quiere? En Panamá tenemo de too, quejándote too el tiempo ..., si ahí ‘ta Albroo..., ahí ‘ta.

El tiempo seguía su curso y el envejecido Zipo, con los labios secos, notó que los "Licen" empezaban a salir después de trabajar haciendo nada. Las secretarias, con la bolsita de nylon en la mano se dirigen al servicio sanitario. Se acercaba la hora de salida. Faltaba media hora y tenían que estar listas para salir a recoger a sus hijos de las guarderías... y luego, someterse a la tortura y el peligro de viajar en buses diablo rojo de regreso al palomar que tienen por vivienda y que deben pagar por 30 años siendo que a los 2 ya se les está cayendo encima. Son 2 horas para llegar debido a los "tranques" que no causan las protestas de los obreros y los estudiantes, sino la falta de vías... y orden.

Zipo se preguntaba, - ¿por qué fui a votar en las elecciones? Nada cambia para mejorar. La situación de su gente y de la gente de la capital es insoportable.

- Antes de las elecciones, los políticos lo iban a saludar a su ranchito con una sonrisa, un suéter y una gorra. -No te preocupes, Zipo..., le han dicho desde que cumplió los 18..., -todo lo vamos a hacer bien..., tú verás.- ¿Y, qué es lo que ve, qué es lo que recibe? ..., nada.

Siempre escucha por el radio de la comarca, que el país está en pleno progreso, que hay un notable "crecimiento económico", pero ya ni sus matas de guineo crecen, pues hasta allá han llegado los "inversionistas" y montaron una explotación minera que acabó con los árboles y plantas, con los pájaros y las flores silvestres, con los peces y camarones de los ríos. Los niños y los envejecidos adultos están muriendo de gripe y vómitos, y, por sus conocimientos botánicos y de curandero, Zipo sabe que la contaminación mata, que la falta de atención a la salud y de medicamentos alopáticos es sólo la punta del iceberg. El problema está en la desnutrición de su pueblo. Él sabe que esto los está acabando.

Zipo se levantó de la sucia butaca donde ya casi estaba pegado de estar sentado esperando al Honorable para que lo atendiera. Tenía ya 10 horas de estar allí ese día.

Se acercó a Juani y le dijo: -Dígale al "Honorable" que ni siquiera es hombre, pues no tiene palabra. Que si cree en Dios, que Dios le pague o le cobre a él y a todos los que son como él.- y sentenció... - un día no muy lejano ya, saldré con mis bravos y nuestras flechas a exigir lo que nos corresponde..., nos aliaremos con los obreros, maestros y estudiantes para acabar con los abusos y la desidia... dígaselo así mismo, ya me cansé de pedir lo que nunca me darán por las buenas...-

Se fue decepcionado, frustrado, por la forma en que no lo atendieron, recibió el trato común que se le da a los indios, a los pobres de nuestro país. Fue una demostración más de la incapacidad y el poco importa con la mayor cantidad de la población. La desidia irresponsable que recibe como respuesta la mayoría de la población. Se fue meditando en cuál será el camino que deberán recorrer, él y su tribu, así como las demás esparcidas por todo el territorio nacional, como mendigando educación, salud y oportunidades. El lamento de Zipo fue un grito de batalla que desde el cerro más alto rugió como un trueno. Es la voz de los olvidados, los verdaderos dueños de nuestro país y su destino... la voz de los verdaderos americanos.

Panamá América
Suplemento Día D
8 de agosto de 2010

Detrás de los pobres


Un maestro de la sabiduría quiso mostrarle a uno de sus discípulos lo que hay detrás de la apariencia de los pobres. Cierto día visitaron una comunidad humilde.


Su primer acercamiento fue con una pareja de tres hijos, donde sus pertenencias eran pocas, por lo que el maestro preguntó: ¿cómo hace usted y su familia para sobrevivir aquí? La respuesta fue: "Tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche diarios. Una parte la vendemos y otra la cambiamos por géneros alimenticios, otra parte de dinero y así es que sobrevivimos".


El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. Luego, en el medio del camino, volteó hacia su discípulo y le ordenó: "Busque la vaquita, llévela al precipicio y empújela". El discípulo cumplió la orden.


Aquella escena quedó grabada en la mente del discípulo, y su conciencia lo obligó a regresar a aquel pueblo. A su llegada se encontró con que todo era mejor, pese a que el terreno no había sido vendido.


Ubicó al campesino con que conversó y le preguntó por la vaquita. La respuesta fue: "Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, y así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora".

¿Por qué es tan fácil hablar mal?

También resulta muy fácil albergar rencores, 
promover sospechas, ahogarse en envidias, 
lanzar ataques llenos de rabia y de cobardía 
a los cercanos o a los lejanos

Autor: P. Fernando Pascual
Fuente: Catholic.net

Hablar mal de otros es sumamente fácil. Basta con poner en la mira a un personaje de la vida política, económica, deportiva, cultural, religiosa, y lanzar palabras acusatorias, normalmente adecuadas a cada ámbito.

El mecanismo que lleva a hablar mal parece, por lo tanto, muy sencillo, fácil, asequible a la gran mayoría de la gente. Pueden hablar mal casi todos: un joven de sus profesores universitarios; un trabajador de sus jefes o de sus compañeros; un político de los políticos del otro partido o de algún colaborador al que hay que tumbar para “ascender”; un periodista de sus directores o de otras personas; un futbolista de su entrenador (o del entrenador del equipo contrincante); una persona cualquiera de las personas de otras razas, o de otras nacionalidades, o de otras culturas, o de otras religiones.

Detrás de todos los ataques verbales se esconde un mecanismo psicológico que muestra cómo la violencia de las palabras tiene una base muy frágil. Porque una antipatía, o una actitud hostil, o el miedo a la competencia, o la sospecha patológica, son suficientes para lanzar críticas envenenadas, pero no para mejorar como personas, para respetar la justicia, para conocer los hechos tal como ocurrieron, para defender a los inocentes y acusar a los verdaderos culpables.

La fragilidad de la base no destruye lo fácil que resulta hablar mal de otros. La sociedad permite muchos modos y situaciones que llevan a formular juicios, ofrecer opiniones, redactar textos de ataque. El mundo de internet facilita aún más las críticas gracias al anonimato (no siempre bien garantizado) en el que se amparan muchos para lanzar críticas despiadadas o incluso calumnias sumamente injustas.

Es, por lo tanto, fácil, muy fácil, hablar mal. Más fácil que robar, precisamente porque existen pocos mecanismos para perseguir las mentiras, y porque en algunos ambientes se ha exaltado hasta el absurdo la “libertad de expresión”, como una especie de patente para decir todo tipo de falsedades, difamaciones y calumnias.

Lo que no resulta tan fácil es sanar las raíces que llevan a críticas mordaces, a despellejar al prójimo con palabras despiadadas. Si al menos abriésemos los ojos al daño que puede provocar en los criticados las palabras que formulamos contra ellos; si pudiéramos sospechar que hay críticas capaces de destruir vidas frágiles, de desintegrar matrimonios, de provocar depresiones... quizá pensaríamos dos veces las cosas antes de lanzar acusaciones gratuitas o calumnias despiadadas.

Desde un grito del alma, santa Faustina Kowalska explicaba cómo “en la lengua está la vida, pero también la muerte. Y a veces con la lengua asesinamos, cometemos auténticos homicidios” (Diario n. 119).


Hay que reconocerlo: resulta muy fácil hablar mal, porque también resulta muy fácil albergar rencores, promover sospechas, ahogarse en envidias, lanzar ataques llenos de rabia y de cobardía a los cercanos o a los lejanos.

Será posible reconocer, con humildad y con justicia,  lo que hay en el interior de cada hombre, y que todos debemos ser tratados con la verdad y el respeto que merecido.

Obediencia por amor



Gracia llegó por primera vez a un internado para señoritas, donde iba a permanecer para poder estudiar en un colegio. Cuando se matriculó, le dieron un reglamento por el cual las internas debían regir su conducta.

A Gracia le pareció que el reglamento era irrazonable e inadmisible; y, delante de unas compañeras internas, con enojo y en alta voz se dijo: "¿Obedecerlo? ¡Como yo quiera!". En seguida, se fue a su cuarto resuelta a no obedecer algunas de las partes de ese reglamento que a ella le parecía absurdo.

A la hora de la cena, cuando Gracia entró en el comedor, una amiga de ella la presentó con la directora del internado. Cuando se separaron de esta, Gracia exclamó dirigiéndose a su amiga: "¡Qué mujer tan simpática! ¡Qué sonrisa tan agradable! ¡Sentía yo como que la directora me atraía hacia ella!".

Pasaba el tiempo, y la admiración y el cariño de Gracia para la directora iban aumentando, y sentía y pensaba que debía agradarla. Entonces, con sumisión, y casi sin esforzarse cumplía el reglamento; después, ya sin darse cuenta, con gusto lo cumplía por completo.

Había triunfado el amor a la directora y al internado.

¿Qué le enseñó?



En cierta ocasión un hombre le obsequió a su pequeño hijo una pelota y una bate de béisbol, pero nunca jugó con su hijo ni le enseñó a batear.

Le obsequió a su hijo un arma de juguete, pero nunca le enseñó cómo jugar a los policías con ella, en vez de jugar a los ladrones.

El hombre le obsequió a su hijo una navaja de bolsillo, pero nunca le enseñó cómo usarla correctamente.

Le obsequió perdigones, pero nunca lo llevó al campo de tiro para enseñarle cómo usarla cuidadosamente.

El hombre quedó atónito el día que dos policías tocaron a su puerta contando historias sobre su hijo y otros en el vecindario y cómo ellos eran miembros de una peligrosa pandilla.

-Mi hijo no -dijo él-, nunca le enseñé a ser violento.

-No lo dudo -respondió el policía-. Pero en el cobertizo que los muchachos estaban usando como cuartel, encontramos porras y navajas. Posiblemente usted nunca enseñó a su hijo a no ser violento.

Por lo general, los niños no desean ser complacidos en todo. Ello desean ser responsables.

El conejo del sombrero



Steve Martin sabía que quería ser animador. Trabajó mucho como mago y comenzó a atraer a la audiencia. Sin embargo, algunos de los trucos no funcionaron. Martin podría haberse descorazonado, pero escuchó y observó a su audiencia con cuidado. Notó que la multitud estallaba en risas cuando el truco fallaba.

En respuesta a la audiencia, Martin dijo: "Revisé en mi actuación y comencé a sacar todas las cosas que habían funcionado bien.

Martin, en otras palabras, realizó su mejor truco de magia. Convirtió su acto ilusionista en una rutina de comedia y se convirtió en el presentador cómico número uno del país. Y continuó hasta ser un actor cómico famoso, luego director y escritor.

A menudo estamos tan concentrados en cumplir una serie de tareas, que no nos tomamos el tiempo necesario como sopesar la efectividad -o necesidad- de lo que estamos haciendo. Si algo nos sale mal, tomamos eso como una señal de que tenemos que abandonar todo por completo.

¿Qué quieren sus clientes y compañeros de trabajo en realidad? ¿Está luchando para darles lo que quieren, o está tratando tan solo de sacar un conejo inexistente del sombrero?

La experiencia no es lo que le sucede a una persona, sino lo que esa persona hace con ella.

Al final del camino


Yohel Amat V.
Escritor


El cuerpo aplastado de su esposa yacía sobre su frío lecho de metal.

Se encontraba en la morgue del Hospital Santo Tomás y el anciano sostenía entre sus manos el rostro de la que hasta hacía unas horas había sido su compañera por más de 50 años, mientras las lágrimas rodaban por su arrugada cara.

Todas las quincenas, el anciano se dirigía hacia el supermercado 'Rey' de 'El Dorado' a cobrar su exigua pensión, la cual apenas le servía para comer frugalmente dos veces al día junto con Helena, su esposa.

A veces podían darse el lujo de comer carne una vez a la quincena y esa única ocasión para la pareja era como si se tratase de una cena de Navidad, pero acompañada de carne de res guisada, la favorita de ambos.

Helena nunca se quejó de una vida de trabajo duro en casa ni del salario de hambre que siempre ganó su esposo como encargado de la limpieza en una transnacional de la localidad.

Pero esa quincena fue especial.

El anciano se sentía enfermo de la gripe y no creía reunir las fuerzas necesarias para ir a cobrar.

Por eso - y aún en cama - le había pedido a Helena que fuese donde su compadre Daniel - el cual vivía en Calidonia- a pedirle $20.00, los cuales le devolvería después cuando hubiese cobrado.

Con ese dinero podrían comprar lo necesario - casi siempre "necesario" significaba arroz, porotos y lo justo para sazonar la comida -para poder comer aunque fuese por unos días.

A Helena no le gustaba mucho la idea, ya que ella era mujer de casa y durante décadas había disfrutado de las dulces mieles -al menos para ella- del trabajo en casa.

Y ello, a pesar de que los dos hijos de ambos habían partido hacia el extranjero en busca de mejores días, por lo que el trabajo en casa ahora era mucho menor.

Incluso, algunas veces sentía que no vivían en un hogar, sino que habitaban una catedral inmensa, fría y solitaria, donde cada vez que se hablaba en voz alta -situación cada vez más rara, ya qué casi habían desarrollado la habilidad de hacerse entender sin pronunciar ningún sonido- las mismas retumbaban por todos lados durante más de 5 minutos.

Sin embargo, el "Deber obliga", se dijo a sí misma, así que a regañadientes se dirigió a su cuarto para asearse y vestirse para salir. Eran las 7 de la mañana.

Helena nunca llegó a su destino.

Cuando la anciana estaba llegando a El Dorado, el chofer del ‘diablo rojo’ había hecho lo de siempre, o sea, hacer parada en el carril que no le correspondía, con la incomodidad y el peligro para los pasajeros de que al descender del bus se encontrasen en medio del infernal tráfico de siempre.

Helena había terminado de bajar del vehículo cuando, por un extraño azar del destino, se descuidó y no vio el taxi que venía a toda velocidad.

El impacto fue bestial, pero lo triste es que, producto del mismo, el cuerpo de la anciana había saltado en el aire y había caído en el otro lado de la calle; justo cuando venía otro ‘diablo rojo’, pero en sentido contrario. El cuerpo cayó delante del bus, siendo aplastado y arrastrado por varios metros, antes de que el monstruo de hierro pudiese detenerse.

Para muchos de los que presenciaron el aciago suceso, la mancha de sangre y vísceras que dejó la anciana tras de sí, mientras era arrastrada por el bus, se volvería algo que nunca podrían olvidar y que les causaría más de una noche de insomnio.

Ese día, toda una vida de convivencia había llegado a su fin. El cuerpo frío y triturado -pero cubierto por una sábana hasta el cuello- era la prueba final de que ambos habían llegado al final del camino.

El anciano empezó a cavilar sobre qué haría con su vida ahora que su mujer había partido. Además, sus hijos habían cortado todo vínculo y comunicación con ellos hacía mucho tiempo; llevándoles a pensar que se avergonzaban de sus padres y que habían preferido hacerse la idea de que habían muerto.

Mientras salía del hospital, iba meditando en su futuro en un mundo frío donde él no era más que un anciano desechable e inútil que ya había dado todo lo que podía. Después de detenerse a respirar, continuó cavilando profundamente, mientras se dirigía rumbo a la vía principal.

Súbitamente, una sombra oscura surgió en la esquina, portando un arma.

- "¡Dame la cartera o te mato, viejo inútil!" - le espetó el ladrón.

Era casi un niño y el revólver temblaba producto del nerviosismo que tenía.

El anciano no podía saber que era su primer robo.

Lo que sí pudo detectar fue el nerviosismo del muchacho y el hecho cierto de que estaba a punto disparar de ante cualquier susto que recibiese.

Mucho después, en la estación de Policía donde se encontraba detenido por asesinato, el muchacho en su declaración dijo nunca entender por qué el viejo había enloquecido de repente y se había abalanzado sobre él, gritando a todo pulmón y agitando los brazos, obligándole a disparar del susto.

Y lo más extraño, agrego el ladrón y ahora asesino, era que mientras el anciano se abalanzaba sobre él, tenía una sonrisa de oreja a oreja.

Panamá América
Suplemento Día D
23 de enero de 2011

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